Además, una alergia también puede generar problemas en la piel. Aparecen picazón, inflamación, pústulas y/o caída del pelo, y no solo en un lugar, sino en todo el cuerpo, explica Regina Fengler, veterinaria.
Para encontrar la causa, no queda más que ir descartando. Y lo primero es asegurarse de que el gato no tiene pulgas, ácaros o parásitos.
"Una verdadera alergia alimenticia es poco frecuente", dice Julia Fritz, especialista en nutrición animal de la ciudad alemana de Múnich.
En principio, una alergia puede aparecer en cualquier momento. "Durante años todo ha estado bien y de repente, el cuerpo reacciona", indica Stefanie Handl, veterinaria de Viena especializada en nutrición y dietética.
Una alergia es una reacción excesiva del sistema inmune a una substancia inofensiva. Por lo general se trata de una proteína. Si el cuerpo entra en contacto con ella, la trata erróneamente como si fuera un organismo generador de enfermedades.
Las alergias no se curan. Para los gatos además no hay pruebas de sangre para encontrar qué les da alergia como sí ocurre con los humanos. Por eso la opción que tienen sus dueños es la llamada dieta de exclusión.
"Se da de comer al gato algo que no haya comido nunca antes", indica Fritz.Puede ser una comida hipoalergénica o comida preparada con caballo, canguro o avestruz. El tiempo de prueba de diez a doce semanas.
"Es importante que en ese tiempo no se le dé ninguna otra cosa de comer, tampoco un premio", explica. Por eso todas las personas que conviven con el animal deben estar informadas del cambio de dieta.
A los gatos que normalmente salen a la calle habrá que dejarlos en casa durante ese tiempo para controlar que no comen por ahí otra cosa.
La cura de la piel dura al menos un mes, pero los problemas del estómago y tracto intestinal se solucinan relativamente rápido. Si los síntomas desaparecen, podrán ir probando bajo control veterinario otras fuentes de proteína.
Si el gato de nuevo tiene problemas, se habrá encontrado el alérgeno y habrá que prescindir de comida con ese ingrediente.
Muchas veces, los dueños de los gatos no llegan hasta el final con esta dieta. "La mayoría están satisfechos cuando el gato deja de tener problemas, por lo que no siguen probando ingredientes", dice Handl. Lo malo de esta actitud es que falta el diagnóstico definitivo.
Cuando un veterinario especializado en nutrición trata a un gato con posible alergia, lo primero que tiene en cuenta es su tamaño, la edad, la alimentación que ha tenido hasta ese momento y pregunta por las enfermedades.
"Entonces aclara en una conversación con su dueño qué es lo que tendrá que probar y las cantidades de esa comida", dice Fritz. Por lo general, habrá una o dos citas con él a modo de seguimiento del gato.
En manos del dueño del gato queda comprar comida especial o prepararla él mismo.
Se dan muy pocos casos en los que el gato solo tolere la comida preparada en casa, pero en ellos hay que suministrarle cada par de semanas vitaminas y minerales, que existen a modo de pasta o concentrado de aceite y son especiales para alérgicos.
