31 de marzo de 2026

Es Semana Santa y con ella llegan las visitas familiares, la sopa paraguaya, chipa y muchos niños corriendo. Para perros y gatos, esa “fiesta” puede sentirse como ruido, invasión y pérdida de control. Hoy hablamos de algunas claves simples para bajar el estrés sin forzar sociabilidad.

Quien convive con un gato lo ha visto varias veces: el animal duerme, mueve las orejas, sus patas “corren” en el aire y los bigotes tiemblan. La tentación es inmediata: “está soñando”. La ciencia, aunque no puede preguntarles qué vieron en ese sueño, sí ha logrado describir con detalle qué ocurre en su cerebro y en su cuerpo durante el descanso, y por qué esa actividad se parece tanto a la de los sueños humanos.

El bienestar emocional de las mascotas es crucial; cambios de comportamiento, destrucción de objetos y reacciones exageradas pueden señalar problemas. Un terapeuta animal puede evaluar y ayudar a restaurar la armonía en el hogar, mejorando la calidad de vida de tu compañero.


Quien convive con gatos lo conoce: maullidos insistentes frente al comedero, rondas alrededor de las piernas y una mirada fija que parece una orden. Pero no siempre se trata de hambre. Veterinarios y especialistas en comportamiento felino coinciden en que muchos “pedidos de comida” son, en realidad, demandas de atención, rutina o estimulación.