Ollas populares en crisis

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Las ollas populares fueron creadas para asistir a paraguayos que quedaron desempleados y no podían llevar el sustento diario a sus hogares.
Las ollas populares fueron creadas para asistir a paraguayos que quedaron desempleados y no podían llevar el sustento diario a sus hogares.Archivo, ABC Color

Lo que se inició como una salida a la crisis del hambre hoy se ha convertido en incertidumbre. Las ollas populares tienden a desaparecer como consecuencia de la falta de insumos y de respuestas de los entes del Estado ante el reclamo de los sectores carenciados.

Con la cuarentena dictada por el Gobierno en marzo pasado tras la aparición de casos positivos de covid-19 en nuestro país, muchos paraguayos perdieron sus empleos y con ello la posibilidad de llevar el pan a sus hogares. Por ese motivo, personas de buen corazón iniciaron la aventura solidaria de la olla popular brindando un plato de comida a familias vulnerables.

Hoy, los encargados de mantener esta fuente de alimento ya no pueden seguir por falta de ayuda. Muchos dejaron de recibir víveres, a otros no les alcanza el dinero para comprar los productos, y unos cuantos sirven menos cantidad de platos de comida que hace cuatro meses.

Este es el caso de Raquel López, quien se encargaba de alimentar a 168 personas en el barrio Santa Librada de Capiatá. “Dejamos de hacer nuestra olla popular por falta de ayuda y ya nos era imposible sostener. Al brindar alimento para tanta gente todos los días sin apoyo es imposible. Además nuestras cocineras ya desistieron porque un día nos faltaba aceite, otro día carne, entonces decidimos parar con este servicio”, dijo.

Por otra parte, Helem González vecina del barrio Villa Yvate - Primero de Mayo de Lambaré, continúa con la olla a duras penas, ya que todos los días solicita colaboración a través de sus redes sociales. “Estamos desesperados, nos falta todo para cocinar, las autoridades de la ciudad no se acercan y las personas no siempre nos donan. Tengo 150 personas a quienes doy de comer. Días pasados apenas me alcanzó para sacar 100 platos. Todos los días necesitamos víveres, no es fácil, hay días que la impotencia nos tira al suelo, pero debemos levantarnos y seguir”, lamentó.

Osmar Schetina, encargado del comedor Pececito del barrio San Francisco y San Blas’i, en la ribera del río Paraguay, y que también cuenta con otros comedores que mantener, manifestó que de 18 comedores, 11 tuvieron que cerrar.

“En la Chacarita 800 platos diarios y en el Bañado Norte 650 platos diarios se dejaron de servir, y nosotros bajamos de 350 a 200 diarios; 1600 personas ya no acceden a un plato de comida de parte nuestra, en su mayoría niños. Los comedores cerrados son los de Chacarita - Cerrito, y mi centro comunitario comedor Pececito se redujo a 150 platos de los 300 que servíamos”, refirió.

Tercera edad

Los encargados también manifestaron que algunas ollas populares dejaron de funcionar a raíz de que muchos de sus vecinos volvieron a activar económicamente, pues retornaron a su rutina de trabajo.

“Todavía quedan algunos que fueron despedidos y hasta hoy no consiguen trabajo, luego están los abuelitos que no tienen ingresos económicos o adultos enfermos, ellos siguen pidiendo ayuda, entonces los derivamos a otros comedores, por unos pocos no podemos mantener la olla popular, es muy costosa”, agregó Mirian Martínez, de la Comisión San Lorenzo de Puerto Botánico, del barrio Trinidad.