El texto relata el fundamento de esa práctica y concluye que un cristiano no puede practicar yoga, “porque es propio de una religión politeísta. Y no existe yoga cristiano; es contradictorio decir “yoga cristiano”.
El autor entiende que mezclar cristianismo y yoga, tarde o temprano terminará en un sincretismo religioso, pernicioso para el cristiano.
“Utilizar mantras como oraciones cristianas es una traición no solo a Cristo, sino a toda la Tradición Apostólica, y a los grandes santos, que nos han dejado una herencia inagotable e inestimable de la oración”, afirma el texto.
Recuerda a monseñor Uribe Jaramillo, quien afirma: “El yoga puede ser instrumento válido para el hindú que busca con sinceridad la salvación y no ha conocido la verdad revelada por el Verbo de Dios. Pero para el cristiano es un camino erizado de peligros y, a la larga, si no lo aparta de Jesucristo, lo llevará a una gran confusión, pero no a la verdadera perfección cristiana”.
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¿Qué alternativas ofrece el cristianismo?, se pregunta Martínez y afirma que la salvación y la liberación, el cristianismo ofrece a Jesús mismo.
La razón por la que muchos “cristianos” acuden al yoga, es porque no se les exige conversión, solo hay que llegar al Samadhi o al Nirvana y ya somos dioses, o “iluminados” sin embargo, el cristianismo pide cambiar de vida y asemejarse a Cristo.
