Obispo lamenta que medidas sanitarias por pandemia coincidan con Semana Santa

ENCARNACIÓN. El obispo de la diócesis de Encarnación, Mons. Javier Pistilli, expresó el malestar de la comunidad religiosa ante las nuevas disposiciones del Gobierno que limitan la actividad ciudadana en el contexto de la pandemia del coronavirus. El religioso presidió la ceremonia central de recordación a la virgen de la Encarnación, la tarde del jueves, en el contexto de la celebración de los 406 años de fundación de la misión jesuita que dio origen a la ciudad, en 1615.

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Desde el inicio de la pandemia y de las medidas preventivas dispuestas por las autoridades de la salud en nuestro país, como Diócesis hemos no solamente cumplido todo lo establecido en los protocolos oficiales, sino que hemos apoyado al área de salud, hemos trabajado con las autoridades locales y por sobre todo hemos fomentado la conciencia y la responsabilidad en el cuidado de la vida. La vida eclesial presencial se ha reducido a expresiones mínimas, y la comunidad eclesial ha mantenido su buen ánimo, con mucha oración y sacrificio. Debemos proteger la salud y la vida de todos, eso lo tenemos muy claro, afirma el obispo.

No obstante, dijo que la iglesia lamenta “que las medidas no hayan sido tomadas antes, desde inicios del mes, cuando los indicadores eran suficientemente claros y los reclamos del personal de salud ya pedían auxilio. Consideramos que las clases presenciales, los eventos sociales liberados, la conducta imprudente de algunos, el control relajado en algunos sectores, el aumento de movilidad y circulación en todo el país, junto al cansancio general y a la desmoralización de la población por razones políticas, sociales y económicas y la necesidad de trabajar para el sustento aún en medio de precariedades, han coincidido con el aumento de casos de covid-19, sostiene.

Asimismo, expresó sus quejas porque “estas medidas deben ser aplicadas justamente en la Semana Santa, en la que se conmemoran los eventos centrales de la fe católica. Los feriados de esta semana del calendario civil tienen su fundamento en el misterio cristiano que conmemoramos, aun cuando se busquen denominaciones diferentes en el lenguaje civil, afirma.

Agrega Mons. Pistilli que “si bien las disposiciones sanitarias no están motivadas en forma evidente por una intención contraria a la libertad de culto, sino solamente por la gravedad de la emergencia de la pandemia, no podemos dejar de expresar públicamente nuestro malestar y nuestro descontento, ya que el propósito de incidir en la curva de contagios se podría haber iniciado mucho antes y las medidas podrían contemplar mejor las zonas de riesgo dadas por la alta movilidad y la interacción social aumentada por los desplazamientos de diferentes grupos poblacionales.

Empero, el religioso afirma que “todavía confiamos en que no se pretende causar finalmente un daño a la religión, aunque estas limitaciones que debemos padecer nos dejan dolidos y sorprendidos, pues el espacio eclesial no ha sido foco de contagios y hemos cumplido los protocolos correctamente.

No comprendemos la reducción del número de fieles y no queremos que pase desapercibido el daño moral que nos ocasiona, pues la postergación de las medidas requeridas para que coincidan con estas fechas, aún sin ánimo intencional, comunican que la vida espiritual de los fieles y el ejercicio del culto son considerados realidades prescindibles y que la libertad de culto se ve restringida y menospreciada material y formalmente, considerando más favorablemente otros eventos y actividades.

El Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social por el decreto del Ejecutivo ha establecido las disposiciones sanitarias para hacer frente a la pandemia de covid-19, que estarán vigentes desde el sábado 27 de marzo hasta el domingo 4 de abril, coincidiendo con la Semana Santa de nuestra Iglesia. Este decreto limita la participación de fieles en actos de culto a veinte personas.

Nos encontramos ahora en un momento mucho más crítico que en la Semana Santa de 2020, que fue celebrada a puertas cerradas y sin fieles.

Ante el aumento progresivo de contagios y el colapso de los hospitales coincidimos en la intención de las nuevas medidas sanitarias, asintiendo que se debe bajar la tasa de circulación del virus Sars-Cov2, que todos debemos ayudar al personal de salud, agotado y sometido al estrés, que realiza su labor en medio de muchas precariedades.

Nuestro compromiso en el cuidado de la salud y de la vida está firme, y no queremos ni podemos ver terminar la vida de muchos hermanos sin los medicamentos necesarios, sin la atención profesional debida y sin un lugar en los hospitales. De ninguna forma deseamos que nuestros hermanos se despidan de esta vida alejados de sus seres queridos y sin la asistencia espiritual de los sacramentos, ni que sus familiares y amigos vivan el desconsuelo de no poder iniciar el necesario proceso de duelo con el apoyo y la contención de todos los afectados.

Queremos vivir la Semana Santa unidos a Cristo, a quien muchos desecharon, pues no lo reconocieron como la piedra angular: “La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos” (Salmo 118, 22; Mateo 21, 42). Queremos vivir como discípulos de Cristo en paz y en perdón, sostenidos en su amor. Así nos lo recuerda el apóstol en la Carta a los Romanos: “Amen con sinceridad. Tengan horror al mal y pasión por el bien. Alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración. Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca. Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que lloran. Vivan en armonía unos con otros, no quieran sobresalir, pónganse a la altura de los más humildes. No presuman de sabios. No devuelvan a nadie mal por mal. Procuren hacer el bien delante de todos los hombres. En cuanto dependa de ustedes, traten de vivir en paz con todos. No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien”. (Romanos 12, 9.12.14-18.21).

Expresamos a toda la población que comprendemos la necesidad de las medidas sanitarias y consideramos que todo cristiano movido por la caridad debe cuidar el bien de la salud de su familia y de todos, actuando en conciencia, limitando sus contactos y aplicando las medidas higiénicas requeridas.

Invitamos a todos a que limiten consciente y libremente su movilidad, ya que nuestras acciones son la única medida eficaz con la que podemos contar. Venzamos en nosotros mismos la imprevisión, la conducta irresponsable, el oportunismo miserable, la indolencia, la indiferencia, el descuido y el abandono negligente de la vida.

Las disposiciones civiles ya han sido publicadas. Como padre y pastor, no deseo ser una carga en la decisión que cada uno debe tomar, tampoco hacer más pesada la situación en la que cada uno sabe que se encuentra. La única orientación que doy, pues confío en la responsabilidad y en la fidelidad madura de todos los bautizados, es que cada uno, sacerdotes, consagradas y fieles, sepan cumplir en conciencia con sus deberes ciudadanos, y que motivados por el amor y sostenidos por la fe sepan ofrecer todo sacrificio como expresión auténtica de nuestra participación activa en la Pascua del Señor, que nos vuelve a unir en su pasión, su muerte y su resurrección.

Templos permanecerán abiertos

El obispo anunció que durante la semana santa los templos permanecerán abiertos, y Las celebraciones litúrgicas serán realizadas y ofrecidas por todos con la asistencia posible permitida. Si nuestros recursos alcanzan, serán transmitidas por los medios disponibles. Hacemos memoria de lo que Cristo, nuestro Señor, ofreció por todos nosotros, uniéndonos en su ofrenda en la comunión fraterna. Ofrecemos esta Pascua, por toda la Iglesia y por todo el mundo, por cada familia, por la vida y la salud de cada uno y por nuestro país.

La penitencia cuaresmal y las circunstancias nos insisten en la conversión y la renuncia al pecado. La gracia redentora de Cristo, que se parte y comparte como pan eucarístico puro y libre de corrupción, nos invita a perdonar y a unirnos en el amor magnánimo de Aquel que da vida y no la quita, cumpliendo en conciencia y con rectitud el mandato de la justicia, de la verdad y del bien. Que la esperanza en el Crucificado y victoriosamente Resucitado nos recuerde a todos el camino. Tenemos un sólo y único Salvador, que nunca nos ha defraudado. Que nadie se sienta solo, pues estamos siempre en su presencia, y aún en la distancia estamos unidos.

A la Virgen, en Caacupé, la coronamos Reina de la Salud de nuestra Patria el Viernes de Dolores, que mañana recordaremos. Hoy, en la solemnidad de la Anunciación del Señor, acudimos a Nuestra Señora, la Virgen de la Encarnación, a quien celebramos como nuestra patrona en la Diócesis, para que bajo su amparo y protección nos aliente y sostenga a todos los hijos de la Iglesia, enseñándonos a decir nuestro Sí a Dios en todo lo que nos pueda pedir y nos haga misioneros encendidos y fieles, como San Roque González de Santa Cruz.