La primera misa en honor al Santo Rey fue celebrada en la parroquia Nuestra Señora de Belén, luego se ofició otra misa, esta vez en la iglesia de la comunidad que lleva el nombre del santo. Posteriormente, la imagen fue llevada en andas hasta el oratorio de la familia Pachiguá, dueña del antiguo santo.
El recorrido del Santo Rey fue acompañado por muchos devotos, en tanto que encabezaban la procesión personas vestidas con capas rojas, otras tenían el rostro cubierto con telas negras y algunas pintadas con pintura negra sus rostros y manos, emulando al santo que tiene tez oscura.
Quienes utilizan estos estilos son conocidos como los Kamba ra’anga.

Ya cerca del oratorio, otras personas aguardaban el paso del santo, asimismo se colocaron en el trayecto puestos de venta de comidas, bebidas, juegos de azar y venta de varios artículos. Dentro del predio de la familia dueña de la imagen, donde está edificado el oratorio, también una gran cantidad de fieles esperaban la llegada del Santo Rey.
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Grupos musicales amenizaban la llegada del patrono, mientras algunas parejas bailaban, otros devotos ingresaban a encender una vela demostrando su confianza en la imagen. La tradición es tocar la imagen, cientos de personas formaban fila para cumplir con el ritual.

Llegaron al sitio personas de diferentes distritos del primer departamento, así como residentes en otros puntos del país e incluso del extranjero. La fiesta se extenderá durante la noche de este martes.
Tradición familiar que se expandió<b> </b>
Según recordó Gregoria Pachiguá de Leguizamón, de 80 años, su abuelo José Tomás Pachiguá fue quien había iniciado la veneración de la imagen.

El relato de la familia dueña del Santo Rey indica que la imagen se tenía en un nicho fabricado de madera de palo santo. Luego fue colocada en un pesebre, pero en sueños se le presentó a la esposa de José Tomás Pachiguá –la señora María Dominga– y le pidió que le quitaran de la caja, y desde entonces lo tienen en un oratorio, que cada 6 de enero recibe a cientos de personas.
