Ellos apañaron a Ibáñez, un corrupto confeso

Con una mayoría de abstenciones y votos en contra, 48 diputados lograron salvar a su colega colorado José María Ibáñez, quien admitió haber robado en el escándalo “caseros de oro”. Se necesitaban 53 votos para desaforarlo, pero la mayoría se abstuvo.

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Estos son los rostros de los 48 diputados que evitaron que el diputado colorado abdista José María Ibáñez sea desaforado, pese a haber admitido en su momento haber robado dinero público, en el polémico caso de los “caseros de oro”.

De esta manera, Ibáñez quedó “blanqueado” por segunda vez, ya que la primera fue por la justicia. Se necesitaban 53 votos para lograr la pérdida de investidura, pero solo se lograron 27. Hubo 6 en contra (incluyendo al propio Ibáñez) y, lo destacable, fue que 42 se abstuvieron de votar, es decir, se lavaron las manos, favoreciéndolo de forma sutil ya que el voto en blanco tiene casi el mismo sentido que el voto en contra.

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Este gran número de abstenciones -de colorados cartistas y liberales- evitó completar la cantidad de votos requeridos. Hubo además cinco ausencias.

El caso comenzó en el 2013, cuando en su calidad de diputado Ibáñez pidió la contratación de Favio Gómez, Viviana Falcón y Éver Falcón para prestar servicios en la Cámara de Diputados en calidad de auxiliares administrativos. En agosto de ese año fueron contratados, pero luego se descubrió que en realidad trabajaban como caseros en su quinta de Areguá. Ibáñez certificó documentos a través de los cuales se confirmaba la asistencia de los tres a la Cámara de Diputados, aunque luego se corroboró que no asistían.

Se pudo comprobar también que Lorena del Pilar Plabst de Ibáñez, esposa del parlamentario blanqueado por sus colegas, depositaba en su propia cuenta bancaria los cheques correspondientes a los salarios de los tres caseros.

Además de ser blanqueado en la estafa de los “caseros de oro”, la Fiscalía también dejó en el "oparei" una estafa vinculada a Ibáñez para quedarse con miles de hectáreas del Indert que son para la reforma agraria, en el Chaco, usando como testaferro a otro funcionario a su cargo.

Así se defendió Ibáñez esta siesta: 

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