Durante los últimos años, el foco del ecosistema estuvo puesto en la adopción: lograr que más personas paguen con tarjeta, QR o billeteras, que más comercios acepten medios electrónicos y que el efectivo deje de ser el centro del sistema. Esa etapa se cumplió. Hoy, el debate ya no gira en torno a si los pagos digitales funcionan, sino a cómo funcionan, con qué nivel de seguridad, con qué grado de integración y con qué capacidad de escala.
El último informe de Bancard funciona como señal de ese cambio. Las cifras dejan de ser solo indicadores de crecimiento y empiezan a leerse como síntomas de un sistema que entra en una fase distinta, donde el desafío no es sumar usuarios sino ordenar la complejidad que emerge cuando millones de personas, comercios y entidades interactúan en tiempo real.
En otras palabras, Paraguay está pasando de un modelo centrado en el volumen a uno que exige foco en la arquitectura del sistema de pagos. Y esa arquitectura es la que empieza a definir ventajas competitivas, riesgos operativos y oportunidades de negocio.
La nueva agenda del sistema de pagos
El informe identifica un desplazamiento claro del 2026 en adelante: el centro de gravedad se mueve desde el “medio de pago” hacia la infraestructura que lo sostiene. La pregunta ya no es qué dispositivo se usa, sino qué tan robusto, seguro y confiable es el entorno en el que ocurre la transacción.
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Uno de los frentes más sensibles es el de la prevención de fraude. A medida que el volumen y la velocidad de las transacciones crecen, también lo hace la sofisticación de los intentos de ataque. La inteligencia artificial ya deja de ser una promesa para convertirse en una herramienta central en la detección de patrones anómalos, comportamientos atípicos y riesgos emergentes.
En paralelo, aparece con fuerza el tema de la identidad digital. No alcanza con validar que una transacción es técnicamente correcta; el sistema necesita saber quién está detrás de ella, con qué nivel de certeza y bajo qué marco de confianza. Por ende, la autenticación robusta pasará a ser un pilar estructural y no un accesorio.
Tecnologías como la tokenización y ciertos usos de blockchain empiezan a jugar un rol menos visible pero más profundo: no como productos para el usuario final, sino como capas que permiten proteger datos, reducir exposición y hacer más eficiente el procesamiento interno del sistema.
Finalmente, hay un elemento menos glamoroso pero absolutamente crítico, que es la conectividad. Sin redes estables, resilientes y con baja latencia, no se puede trabajar en la previsibilidad de un esquema de pagos digitales confiables. La infraestructura de telecomunicaciones pasa a ser, de hecho, parte de la infraestructura financiera.
El POS deja de ser caja y se vuelve plataforma
Otro de los desplazamientos más relevantes ocurre en el punto de contacto con el comercio. El POS dejará de ser un simple dispositivo de cobro y empezará a funcionar como una plataforma de gestión, cosa que ya sucede para muchos pequeños comercios.
En el reporte se observa cómo los dispositivos incorporan funciones de facturación electrónica, administración de inventarios, integración con sistemas contables y conexión con aplicaciones del propio comercio. Esto cambia el rol del pago dentro del negocio, dejando de ser el final de la operación para pasar a ser el núcleo informacional del proceso comercial.
Para las mipymes, esto tiene implicancias profundas. La digitalización ya no ocurre solo porque el cliente paga con QR, sino porque el propio comercio empieza a organizar su operación, sus datos y su relación con el sistema financiero dentro de un entorno digital. Es un proceso de formalización tecnológica que ocurre de manera silenciosa, pero con impacto estructural.
El ecommerce ya no es un canal aparte
Un aspecto importante de las tendencias se aprecia a través del comercio electrónico, que dejó de ser una categoría separada para convertirse en un canal transversal. El crecimiento proyectado del 72% en 2025 no habla solo de más compras online, sino de una transformación en la lógica del consumo: el cliente ya no distingue entre físico y digital, distingue entre fricción y fluidez.
El avance del QR dentro del ecommerce refuerza esa idea. Los mismos instrumentos que se usan en una tienda física se trasladan al entorno digital, reduciendo barreras, simplificando procesos y alineando experiencias.
Eventos como el CyberDay funcionan como aceleradores y son un gran ejemplo, pero el fenómeno es más profundo, ya que el comercio electrónico dejó de ser una “estrategia digital” para pasar a ser hoy simplemente comercio, integrado a la rutina cotidiana, sin bombos ni platillos.
El turismo como test de estrés del sistema
Asimismo, el consumo de turistas funciona como una prueba de estrés natural para el sistema de pagos. Alta concentración temporal, picos de demanda, diversidad de medios de pago, monedas y entidades. Es decir, que el sistema funcione en ese contexto es una señal de su madurez operativa.
Más allá del impacto económico puntual, el turismo pone a prueba la interoperabilidad, la capacidad de escala y la estabilidad de la infraestructura. No se trata solo de vender más, sino de que el sistema no falle cuando más se lo exige.
Lo que está en juego para el ecosistema
Todo lo mencionado anteriormente redefine el tablero para bancos, fintechs, comercios y reguladores a partir de ahora. El diferencial ya no está en quién tiene más usuarios, sino en quién construye la mejor infraestructura, la más segura, la más integrada y la más preparada para sostener crecimiento sin fricciones.
En este nuevo escenario, la competencia se juega menos en el producto visible y más en las capas invisibles del sistema. Y es ahí donde se empieza a definir la verdadera ventaja estratégica del ecosistema de pagos paraguayo en los próximos años.
