Ser maratonista

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En los años ´80 se instauró de manera masiva el Test de Cooper, que consiste en una prueba de exigencia, donde la preparación física y específicamente el aerobismo juega un papel muy importante. Por ello, el Test de Cooper en Educación Física se emplea en los colegios, institutos o clubes de entrenamientos, con la finalidad de medir la resistencia aeróbica de las personas. Se trata de una prueba física de resistencia creada por el médico del ejército Kenneth H-Cooper en 1968, para medir la capacidad de los soldados.

El desafío consiste en aguantar corriendo con alta intensidad durante 12 minutos en un lugar que permita medir el recorrido. Hay una tabla que mide el tiempo y la performance con distintas categorías de acuerdo a la cantidad de distancia recorrida: muy mala, mala, regular, buena, muy buena.

Desde esos momentos, el atletismo, el correr, específicamente solo era destinado a unos pocos. Nadie corría en los parques o la calle, solamente a unos “locos” se les ocurría correr por correr, sin llevar una pelota en los pies o en las manos, sin un palo de hockey, o un bate. Pero hace 40 años atrás se inició a difundir la importancia del aerobismo. Entonces, las plazas, los parque y las calles comenzaron a inundarse de gente que corría. Cuando antes había pocas maratones populares, poco a poco se realizaron numerosas, tantas, que por fin de semana los corredores podían elegir.

Ser transformó en un deporte popular, los corredores se transformaron en runner, ahora la gente corriendo se esquiva para no atropellarse, lucen cuerpos mas atléticos y con ello mayor bienestar y salud. Tanto correr como caminar sobre una base de media hora al día, es la recomendación de la Organización mundial de la salud.

Ser runner

Ser runner es una pasión, mezcla rara de adictos al deporte. Se los ve de madrugada corriendo cuando el sol todavía no salido. Solos o en equipo, corriendo a largas distancias en los bosques, en las calles, en las playas, sobre asfalto caliente en pleno verano, en las montañas en ascenso, abrigados en invierno con pasamontañas, calzas y guantes porque se les entumecen los dedos de las manos. Elongan, gritan, saltan, se hidratan. Miran al horizonte. Se entusiasman y se motivan con voces internas que repiten en su mente que pueden, que siempre tienen que dar un poco más para llegar a la distancia que se han propuesto.

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Los runners toleran el dolor, por qué no frenan, aunque tengan llagas o lastimados los dedos o el talón y, tampoco paran si están cansados. A la mañana se eyectan de la cama, algunos más porque son más adictos que otros. Corren, aunque estén engripados o con una línea de fiebre, puesto que no pueden perder el día de entrenamiento. Corren en días normales y laborales, antes de las nueve o después de las 6:00 de la tarde, o quizás al mediodía en el descanso laboral que sirve para poder almorzar, sin embargo, en el lugar de comer, los runners corren, corren y corren. Meten en su estómago algunas barras de cereal y jugos y van a la carga a echarle unos kilómetros al cuerpo.

Corren los fines de semana con más tiempo y aprovechan para hacer más distancias, corren los días festivos aprovechando el tiempo libre. Corrieron en plena pandemia, haciendo circuitos de kilómetros y kilómetros en la propia casa: del Living al patio, del patio de la cocina, de la cocina el patio, del patio del comedor, subieron y bajaron escaleras, fueron y vinieron paseando perros como pretexto para correr (pobres perros), yendo al mercado como excusa: todo para no perder el entrenamiento.

Hacen dietas con las medidas exactas de proteínas, hidratos de carbono, se complementan con pesas para no volverse demasiado esqueléticos debido a las largas distancias, intenta estar entre 60 y 80 k por semana. No pueden vivir sin las endorfinas, aquellas morfinas internas que generan una especie de placer en el cansancio y son altamente estimulantes para afrontar el día. Por tal razón, las 6, 7, 8 hs de la mañana, son horarios ideales en donde el oxígeno aflora y donde el maratonista se prepara para enfrentar el día absolutamente estimulado.

Las vacaciones también son oportunidades para esta casta de corredores. Ellos y ellas se van de viaje y siempre se llevan sus zapatillas, su camiseta, sus medias su reloj cronómetro, su rigurosa gorra Nike, porque saben que en cualquier lugar van a preguntar donde hay un parque, al recepcionista del Hotel le dirán si tiene gimnasio, porque recorrerán ciudades corriendo y si no es factible, el gimnasio y la cinta es una buena opción, aunque aburrida, pero sirve y mucho para cumplir con el entrenamiento.

Cuando un Runner se encuentra con alguien que tiene pasión por el aerobismo, en la conversación no sale de los temas de los últimos modelos de zapatillas, las camisetas Drive Five, el cronómetro de Adidas o de Nike o el último modelo de reloj iPhone, los lentes protectores, las últimas maratones que se corrieron y cuántos son las marcas que se hacen en los 42,195k, 30k en los 21k.

Los maratonistas ostentan sus bajas de tiempo, del sacrificio por sus carreras, de lo bien o lo mal que le fueron en los últimos desafíos. Siempre luce con gallardía su sacrificio, sus horas depositadas en el entrenamiento con las secretas expectativas de mejorar las marcas. Los maratonistas se juntan, se motivan, se entusiasman, planifican correr juntos, fantasean con ganar (aunque sea en la categoría). Observará su estética si están más delgados si han aumentado de peso si cuál es la densidad de su masa muscular. El maratonista concentrado, escucha los rumores de su cuerpo, los latidos del corazón, estará alerta a sus tensiones, a los dolores musculares, a su emoción, a cada uno de los recuerdos que su mente alterna a lo largo de su trayecto: palabras de los cónyuges, la figura de los hijos que se transforma en estimulante, los muertos queridos. Estará atento a relajar el paso, cambiar mecánicas de movimiento, relajar braceo.

Recrean en su mente una y otra vez alguna de las maratones, en cuanto tiempo cruzó los 21, que sentía en esa mañana y la emoción tan grande de los últimos 2k,195mts de la prueba, aquel tramo en donde hay más densidad de personas. Donde la gente aplaude, estimula, grita, motiva: y allí va el corredor de fondo orgulloso de su superar su desafío, mirando con el rabillo del ojo esos estímulos provenientes de esa masa observante que ha dedicado 3 o 4 horas de su mañana a alentar y estimular a los participantes de esta gran prueba.

Así, descansa al día siguiente de la prueba. Pero después, recomenzará su desafío cotidiano: otra vez al ruedo, otra vez a albergar ilusiones, otras vez las marcas, otra vez la vida.