La batalla más compleja

Quien llegue a conclusiones hoy sobre lo que pasará en Medio Oriente y un eventual rápido cambio de régimen político en la República Islámica lo haría por pura fanfarronería. Futurología, no sirve.

Existe un dique difícil de quebrar.

Algunas contiendas no se ganan a base de misiles, ni con los mejores arsenales tecnológicos de guerra, y una de ellas es la batalla cultural.

El estadounidense Jared Diamond, ganador del premio Pulitzer 1998 por “Armas, gérmenes y acero”, también es autor de una obra titulada “Crisis. Cómo reaccionan los países en los momentos decisivos”. Háganse el favor y léanla.

Diamond, que repasa en sus páginas las ventajas y sobre todo las desventajas que tiene actualmente Estados Unidos como superpotencia, asegura que hoy su país “es prácticamente inmune a cualquier posible invasión” y que “Estados Unidos es hoy la única potencia militar internacional que puede intervenir en todo el mundo, y así lo hace; lo cual es un hecho independientemente de que uno apruebe o no esas intervenciones”.

Estamos de acuerdo con que no hay nada que discutir sobre esto.

Irán es un país musulmán de mayoría chiita. Su líder supremo -con poder político y eclesial- impone la interpretación más absolutista de los principios del islam. Son fundamentalistas, someten y mantienen a las mujeres en condiciones de inferioridad y reprimen toda libertad de expresión.

Cuando inició el 28 de febrero pasado el ataque “preventivo” de Estados Unidos e Israel contra Irán recordé el caso de Mahsa Amini, la joven iraní que murió por rebelarse contra el uso del velo islámico y las derivaciones que tuvo el tema.

Su muerte a manos de los fuerzas represoras de los ayatolás generó protestas multitudinarias en todo territorio iraní y la diáspora iraní en el mundo.

Las escenas en medio de la represión fueron de horror. Nefastas: las musulmanas chiitas -ideologizadas por el régimen teocrático- fueron las primeras represoras e iban contra quienes osaban insubordinarse a los mandatos del ayatolá, contra el Corán y la “sharía” (ley islámica).

Pero hay otra escena de la que es imposible abstraerse: la muerte bajo bombardeo israelo-estadounidense del ayatolá Alí Jamenei, que llevó a las calles a esa mayoría chií radicalizada expresando su resentimiento histórico contra la alianza Israel-EE.UU. y lista para frenar a quienes no obedezcan.

Ir contra ese muro social hoy visible expone en particular una de las más complejas batallas. ¿Cómo combatirá eso EE.UU.? No lo sabemos. Pero lo que sí está muy claro es que no existe en el mundo modelo político alguno que se sostenga si no enraíza en el espíritu colectivo, y de esto aún gozan los ayatolás que se aferran en el poder de Irán.

viviana@abc.com.py