La capital expulsora

En las clases de periodismo nos enseñan que la noticia es aquello que rompe la normalidad, pero en nuestra querida “Madre de Ciudades”, la corrupción ya no es ninguna novedad.

Si las calles de Asunción hablaran, gritarían auxilio. Vivir en la capital se convirtió en un ejercicio de supervivencia y tolerancia descarada. Esta semana el escándalo surgió tras uan denuncia presentada por el concejal Pablo Callizo que revela la “mafia del asfalto”. Se trata de un presunto esquema grave en la Dirección de Vialidad, con maquinarias, insumos y cuadrillas de funcionarios públicos desviados de sus funciones para asfaltar predios privados.

Esto el colmo del cinismo porque mientras el contribuyente revienta las llantas de su auto por tantas calles destruidas, los muchachos de la comuna usan los recursos para hacerle el “favorcito” a algunos pocos.

También se suma otra denuncia, la investigación del candidato a concejal Mauricio Maluff, quien, mediante el acceso a la información pública, reveló un faltante de al menos G. 5.000 millones. Reveló que existe una brecha enorme entre las millonarias recaudaciones que generan los megaespectáculos y lo que realmente ingresa a las arcas de Asunción. Dijo que la capital vive la mayor explosión comercial y turística de su historia, pero su infraestructura pública da pena.

Y es totalmente cierto, pasás por el “eje corporativo”, la zona que supuestamente vende modernidad a inversionistas extranjeros, y te encontrás con veredas destruidas, baches y un olor a cloaca que te da la bienvenida frente a hoteles y shoppings. Esa inmundicia es la radiografía real de la gestión actual.

Asunción, con altos impuestos, nula satisfacción de necesidades básicas y un estrés urbano, el ciudadano que puede huir de la capital, huye sin dudar. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) tras el Censo Nacional revelan que Asunción lidera la lista de zonas “expulsoras” y pierde a casi 65 personas por cada 1.000 residentes solo entre 2017 y 2022. El informe detalla que las personas que salen de Asunción para vivir logran mejores condiciones de vida. Por eso el Centro Histórico está muerto, lleno de carteles de “se alquila” y edificios fantasmas; la propia desidia se encargó de echar a sus habitantes.

Nuestra capital tiene una magia única cuando florecen los tajy pytã y pintan con ese rosa intenso que nos devuelve un poco el orgullo. Asunción es hermosa y merece ser cuidada, respetada y proyectada al futuro con la dignidad que su historia exige. Qué pena que quienes se sientan en las sillas de la Municipalidad no sientan ese mismo amor por esta tierra bendecida y prefieren una ciudad solamente para el lavado, pero queda abandonada, apocaliptica y destinada a su fin.

jose.peralta@abc.com.py