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Reseteo

La característica más importante de la capital departamental de Itapúa evoca un espíritu que la conecta con la historia de nuestro país y se puede decir que compartimos esa que podría incluso ser una identidad. Es una ciudad resiliente, cual ave fénix resurge de las catástrofes y vuelve a brillar, renovada.

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Más allá de hablar solamente de tragedias, dificultades y transformaciones que marcaron la historia de la ciudad, es pertinente plantear qué nos han dejado como legado. En los discursos se presenta a Encarnación como una ciudad “modelo” de resiliencia. La hoy conocida como la “Perla del Sur” o “Perla del Paraguay” ha superado catástrofes naturales y humanas que la han transformado sustancialmente. En algunos detalles escondidos en el imaginario colectivo, encontramos vestigios de las cicatrices que marcaron a nuestra ciudad.

Un temor que parecería irracional a cualquier cambio brusco de clima, con el advenimiento de una tormenta, tiene raíces quizá en uno de los episodios más fatídicos de nuestro país. En particular, he crecido, no sé si con un miedo, pero sí una barrera total al salir de cualquier espacio seguro durante una lluvia. Eso siempre pareció racional, normal y lógico toda mi vida. Durante un temporal, las calles de la ciudad se llenan de un ensordecedor silencio. Solo se sale en casos de emergencia.

Estudiantes, en su mayoría, prefieren no ir a la escuela y nadie lo cuestiona. Puertas y ventanas se cierran. Al compartir con otras comunidades del interior, encontré que esa barrera de temor-precaución era más difusa. Una lluvia o tormenta no detiene el movimiento de la ciudad. Existe incluso un impulso por salir bajo la lluvia. Estadios enteros se llenan durante encuentros deportivos, con los asistentes disfrutando a pleno con pilotines o directamente empapados. Estos detalles pueden denotar que nuestra comunidad fue enormemente marcada por el episodio del tornado de 1926, un evento impredecible pero que diezmó una ciudad que en esa época florecía.

¿Qué hemos aprendido? Más allá de los vestigios del temor, me quedo con la prevención. Sigue siendo una materia pendiente, que debe ser tomada con la debida seriedad. Con el crecimiento exponencial de la ciudad, cabe señalar que es crucial una política clara de ordenamiento territorial adaptado a posibles contingencias naturales.

El pasado 16 de noviembre de 2025, un conocido shopping fue afectado por vientos que causaron destrozos. No obstante, la construcción de bloques de vidrio en el frontal y laterales está ubicada de frente al río, sitio en que los vientos pueden superar los 100 km/h. Esto no fue fortuito, la ciudad es una zona subtropical, donde es habitual este tipo de tormentas. ¿Es pertinente el uso de esos materiales en esa zona?

La reflexión, entonces, es si el desarrollo tiene en cuenta las condiciones naturales de la región, o si continuará apuntando a un crecimiento desordenado que, en un instante, puede resetearse. Ser una ciudad resiliente no es solamente superar adversidades, sino aprender de ellas y crecer.

sergio.gonzalez@abc.com.py

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