Se va intensificando el enfrentamiento de Jesús con ellos, tanto es así que el domingo siguiente veremos cómo tratarán de ponerle una trampa, refiriéndose al pago del impuesto al César.
No es difícil de entender esta parábola, pues Dios es el Rey que nos llama a su banquete, donde ofrece los mejores terneros. Es su corazón generoso, que todo lo regala gratuitamente: Él prepara el excelente karu guasu y nos espera con los brazos abiertos.
La parábola cuenta que un rey celebraba las bodas de su hijo. Comunica a los invitados que el banquete ya está listo y que todos vengan a disfrutar; sin embargo, ellos se niegan.
Las respuestas de los invitados son tacañas y groseras: uno dijo que debía ir a su campo y que no tenía tiempo; otro, que le interesaba más cuidar de sus negocios; y los demás trataron con frialdad a los empleados del rey, incluso con violencia asesina.
Es importante darse cuenta de un dato esencial: los invitados se autoexcluyen. Ante la propuesta del Señor, la rechazan con desprecio; no es el Señor quien los rechaza.
Es cierto que Jesús se dirigía a aquellos líderes corruptos y manipuladores, pero también es cierto que a nosotros nos acecha el peligro de autoexcluirnos de su fiesta.
En principio, son tantos y tan fascinantes los atractivos del mundo que, si la persona no está alerta y no cuida de fortalecer su fe, fácilmente puede caer en los siete vicios capitales y apartarse del proyecto de vida y fraternidad que Cristo le propone.
Recordemos que estos vicios son: la soberbia, cuando uno, como los invitados, prefiere sus metas egoístas a la compañía de Dios; la avaricia, cuando se ponen los bienes materiales en el lugar de un ídolo; la lujuria, cuando se buscan los placeres carnales sin ningún criterio moral.
Además, la ira, cuando se agrede a los enviados del Señor; la gula, que consiste en buscar una compensación afectiva mediante la comida o la bebida; la envidia, que es desear el mal al otro, en lugar de desarrollar los propios talentos; y, finalmente, la pereza, cuando uno utiliza justificativos cretinos para no asumir un compromiso familiar o comunitario.
Que el consumismo no nos lleve a autoexcluirnos del banquete de la felicidad.
Paz y bien
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