"Como jóvenes, muchas veces, nos aislamos y perdemos en cosas sin importancia como las redes sociales, mientras que hay gente necesitada que requiere un poco de generosidad para poder tener un minuto de satisfacción", expresa Iván. A los 17 años, el joven sufrió de trombosis y tuvo que estar dos meses en cama en el Hospital de Clínicas; esto potenció, según él, el darse cuenta de la cruda realidad de otras personas enfermas.
Luego de un tiempo, Iván comenzó a interesarse en el mundo del voluntariado y solo bastó la invitación de unos amigos para que sea integrante del Foro Juvenil Capiateño. Plantaciones de arbolitos y visitas a abuelos en albergues, así como a enfermos en hospitales, son algunas de las actividades que el mismo realiza con la organización. El grupo escobero se inició el 13 de diciembre del 2014 y actualmente cuenta con 25 jóvenes dedicados a la solidaridad.
Menciona, además, que compartir con los pacientes del Hospital de Cáncer es una verdadera prueba a la sensibilidad y que esta actividad siempre origina una reflexión acerca de las cosas que realmente importan en la vida. Según Iván, no sirve de nada tener el celular más caro y las ropas de marca si los amigos y la familia no están en los momentos malos, como ocurre con muchas personas que soportan sus dolencias en los pasillos de los nosocomios.
Por otro lado, el joven aspira a ser licenciado en la lengua más hermosa de todas: guaraní. El mismo comenta que conocer este idioma es muy importante, pues la comunicación con los adultos sale más fluida. "Cuando vamos a visitar a los abuelitos, preparate para escuchar anécdotas en el dulce guaraní, anike luego decís 'no entiendo', porque ahí ya te perdiste una magnífica historia", manifiesta.
Finalmente, Iván comenta que a causa de rodearse de gente desamparada, no tardó mucho en dejarse llevar por el lápiz para crear versos. "Mi ángel" es el título de una poesía que el voluntario escribió luego de ver a una paciente del Hospital de Cáncer quien, rápidamente, se convirtió en su musa inspiradora. "Cada persona que visitamos tiene una historia detrás y, si poder escucharla nomás ya es genial, imaginate crear un poema con su relato. ¡Eso es magnífico!", concluye.
Por Rocío Ríos (18 años)
