Las redes sociales forman parte de nuestro día a día, desde que te despertás en la mañana para ver los mensajes que enviaron tus compañeros en el grupo de WhatsApp a las tres de la mañana, hasta encontrar en Facebook al chico lindo que viste en el boliche, de quién solo sabías el primer nombre. Es innegable que sitios web como Facebook o Twitter cambiaron completamente el concepto de comunicación online, pues estas aplicaciones permiten que personas de todo el mundo se conecten a la red y compartan en tiempo real lo que sienten, piensan u opinan.
Instagram y SnapChat, en cambio, sirven para compartir fotos y videos de los momentos más especiales o divertidos de la jornada, como cuando tus compañeros se ponen a hacer karaoke el día en que el profe no fue a clases.
No se puede dejar de mencionar el infaltable WhatsApp, el que sí o sí todos tienen, ¡hasta mamá!, ya que esta aplicación es su última alternativa para que le hagas caso y le respondas las llamadas.
Cómo olvidar a YouTube que siempre te saca una carcajada con bloopers de gatitos o te salva la tarea de matemáticas cuando no entendiste ni una palabra de la explicación del profe y justo encontraste un tutorial donde te enseñan a resolver las ecuaciones de maravilla.
Las empresas y los empleadores se han modernizado; además de pedirte la hoja de vida, ahora también te preguntan por tu perfil de Facebook o Twitter. Una buena forma de conocer a quien vas a contratar es ver cómo interactúa en la web.
Las redes sociales han revolucionado el relacionamiento con los demás. El gran impacto de las redes es tal que hasta las “reacciones” de Facebook logran influenciar en tu estado de ánimo, bajoneándote por el resto del día o dándote un empujón hacia la buena onda.
Estas redes también tienen influencia sobre diferentes causas sociales, luchas por la justicia y la libertad de expresión; por ejemplo, pueden ayudar a la ciudadanía a unir sus voces en pro de una causa que consideran justa y de interés común.
Todas las redes tienen un lado positivo y otro negativo, dependiendo de para qué las utilizan cada persona. El uso responsable es tarea de todos; hay que aprender a manejar estas herramientas digitales para el bien común, respetando a los demás y evitando exponerse innecesariamente a gente inescrupulosa que navega en estos mares.
Recordá que una vez que algo está en la red, se queda ahí por siempre.
Por Divina Alarcón (17 años)