¿Por qué los barrabravas hacen que el fútbol deje de ser una fiesta?

Este artículo tiene 8 años de antigüedad
Imagen sin descripción

Lo que debía ser una tarde mágica para la gente de Pedro J. Caballero se convirtió en una jornada gris. Apenas había empezado el partido Olimpia-Sol de América cuando fue suspendido por las peleas en las gradas. ¿Por qué el fútbol dejó de ser una fiesta?

El norte del país era una fiesta total; Olimpia, uno de los equipos con más arrastre, decidió llevar su localía hasta la ciudad de Pedro Juan Caballero y enfrentar a Sol de América en el estadio Río Parapití. El lugar estaba repleto y eufórico, pues el Decano volvía a “la terraza” después de casi una década. Lastimosamente, el partido fue suspendido debido a los eternos inadaptados sociales: los barrabravas.

Recién pasaron siete minutos del pitido inicial del árbitro cuando este detuvo el juego por unos inconvenientes en la gradería sur del estadio, lugar ocupado por la hinchada organizada del Olimpia. El enfrentamiento duró varios minutos y obligó al juez a la suspensión definitiva del encuentro, pues muchas personas ingresaban al terreno de juego, huyendo de la batalla campal y, por ende, las condiciones no eran aptas para seguir disputando un partido de fútbol.

No es la primera vez que las barras protagonizan estos tristes espectáculos que dañan al deporte y alejan a las familias de las canchas. Lo que menos hace esta gente inadaptada es ir a ver el partido de fútbol. Lo peor de todo es que muchas de estas personas poseen antecedentes por distintos hechos punibles; aun así, andan libres y asistiendo todas las semanas a las canchas.

Mucho se habla de que son los mismos clubes los que regalan las entradas a las hinchadas organizadas y ese rumor se hizo más fuerte tras las declaraciones de Marco Trovato, presidente del Olimpia, quien dijo que “acá se termina todo tipo de relaciones con ellos”, refiriéndose a las barras. Aunque hoy existan cientos de imputados por el bochornoso espéctaculo del domingo, lo cierto es que también debería existir una sanción para los clubes, pues ellos son los que permiten el ingreso de dichas personas a los recintos deportivos, aun sabiendo los antecedentes negativos que poseen.

Pese a que en el espectáculo del domingo estuvo implicada, solamente, la barra del Olimpia, no se debe creer que solo ellos son los inadaptados. Las hinchadas organizadas de Cerro Porteño y Sportivo Luqueño también han protagonizado hechos de violencia en los estadios y alrededores. Para muchos, sería injusto eliminar definitivamente a las barras bravas, pues argumentan que ellas ponen color y emoción a las gradas. Pero el comportamiento criminal de la mayoría de los miembros es lamentable y seguirá generando la destrucción del fútbol.

Mientras no se adopte una sanción real a las hinchadas organizadas y a los clubes, seguirá existiendo violencia en las gradas y las familias van a optar por alejarse de las canchas. Nuestro país tiene la intención de organizar un Mundial en menos de 13 años, ¿cómo se puede traer un evento de ese tamaño teniendo inadaptados sociales en las canchas? La problemática de las barras está lejos de ser solucionada; por ende, veremos estadios cada vez más vacíos, por culpa de esta gente que tanto daño hace al fútbol.

Por Brian Cáceres Verón (18 años)