Si el semáforo está en rojo, che cuate, estás en manos de limpiaparabrisas

Este artículo tiene 8 años de antigüedad
Imagen sin descripción

Esperar la luz verde del semáforo y ver un chorro de detergente deslizándose por el cristal del auto son indicios de que estás a merced de los limpiaparabrisas. Ay de vos si decís "no, gracias" cuando te obligan "sutilmente" a aceptar sus servicios.

Transitar en tu vehículo por el área metropolitana significa afrontar varias situaciones que pondrán a prueba tu grado de nerviosismo y tolerancia, pues, te guste o no, debés aguantarlas a diario. Desde la pésima condición de las calles, tener que lidiar con los cuidacoches que se creen dueños de todo hasta batallar con los limpiaparabrisas, ¿estás listo para iniciar el juego?

La odisea comienza al salir a la calle, porque afuera la ley general es la del mbarete. A nadie le importa si estás de acuerdo o no, los trabajadores informales imponen sus normas y, si no querés que te rayen o te rompan los vidrios del auto, amoldate bien nomás ya.

Que no se te ocurra responder a la seña de un limpiavidrio con un no tajante cuando quiere obligarte "sutilmente" a aceptar su servicio, pues, en ese momento, despertás a la fiera urbana sedienta de plata. Además, en el caso de que te escudes tras la frase "ndarekói, kape", preparate para escuchar el reproche en seco "mba'éicha piko ndereguerekomoái si reiko ningo kóchepe".

La impotencia que nace en vos es monumental, porque te encontrás en la encrucijada de querer saber qué se puede hacer. Existen muchísimos trayectos conocidos por la presencia de los trabajadores informales; la avenida Mariscal López y la calle República Argentina sirven perfectamente como ejemplos, pues en esas arterias sentís lo que realmente significa estar entre la espada y la pared.

Ante esta situación, ¿junto a quién podemos ir para denunciar los atropellos? ¿Quién sería el héroe que nos salve y encuentre una solución a este conflicto? Hallar respuestas serias y concretas a estas preguntas aparenta ser una tarea más dificil que encontrar una aguja en el pajar.

Es triste sentirnos solos en esta batalla diaria, ya que ni siquiera entre ciudadanos nos animaríamos a defendernos por miedo a que "liguemos nuestra parte por meternos donde no nos importa". ¡Qué lindo sería transitar por las calles sin tener que preocuparse por el hecho de parar un momento en un semáforo en rojo!

Por Rocío Ríos (19 años)