El regreso de los celulares plegables: la química detrás de las pantallas que no se rompen

Un asistente pliega la pantalla del teléfono inteligente Samsung Galaxy Z TriFold durante el evento First Look de Samsung Electronics, previo a la feria Consumer Electronics Show (CES), en Las Vegas, Nevada, el 4 de enero de 2026.
Un asistente pliega la pantalla del teléfono inteligente Samsung Galaxy Z TriFold durante el evento First Look de Samsung Electronics, previo a la feria Consumer Electronics Show (CES), en Las Vegas, Nevada, el 4 de enero de 2026.055422+0000 PATRICK T. FALLON

Durante años, la idea de un teléfono que se dobla como una libreta parecía más un truco de feria que una realidad de uso diario. Las primeras generaciones de dispositivos plegables confirmaron los temores: pliegues visibles, pantallas marcadas e incluso roturas prematuras. Sin embargo, la nueva ola de modelos apunta a algo distinto: una madurez tecnológica que se debe menos a la ingeniería de diseño y más a una silenciosa revolución química.

Del vidrio rígido a los polímeros flexibles

El corazón del cambio está en el material que sustituye al tradicional vidrio de las pantallas. En la mayoría de los teléfonos convencionales, el panel se construye sobre una lámina de vidrio soda–cal que ofrece transparencia y dureza, pero es prácticamente inamovible: cualquier intento de doblarlo termina en grietas.

Samsung Galaxy Z TriFold.
Samsung Galaxy Z TriFold.

Los plegables, en cambio, recurren a sustratos orgánicos, principalmente polímeros de alto rendimiento. Uno de los más utilizados es la poliimida transparente, un plástico de ingeniería capaz de soportar temperaturas de fabricación de hasta 400 °C, necesario para integrar sobre ella una pantalla OLED (diodos orgánicos emisores de luz) sin que el material se deforme.

Esta poliimida se refuerza y trata químicamente para combinar tres propiedades raras de encontrar en un solo material: flexibilidad, estabilidad térmica y resistencia al rayado.

Aun así, sigue siendo más blanda que el vidrio, por lo que muchos fabricantes añaden una capa superior de “vidrio ultrafino”, de unas decenas de micras de grosor, que se somete a procesos de templado químico para mejorar su dureza sin perder capacidad de flexión.

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Cómo se dobla una pantalla sin morir en el intento

Una pantalla OLED flexible es, en realidad, un sándwich de capas: sustrato polímero o vítreo ultrafino, electrodos transparentes, materiales orgánicos emisores de luz y capas de encapsulado que protegen frente a la humedad y el oxígeno.

Smartphone OPPO Find N3.
Smartphone OPPO Find N3.

El gran reto químico es que todas estas capas tengan coeficientes de expansión similares y mantengan su adherencia incluso cuando se curvan miles de veces.

Para soportar esa fatiga mecánica, las formulaciones de adhesivos y encapsulantes se han rediseñado a escala molecular. Son polímeros con cadenas largas y entrecruzamientos controlados: flexibles a nivel macroscópico, pero lo bastante “ordenados” para no dejar pasar agua ni aire, que degradarían los componentes orgánicos.

La zona más crítica es justamente la línea de plegado. Allí, los fabricantes juegan con la “línea neutra” del material: un plano dentro del espesor de la pantalla donde las tensiones de compresión (al doblar hacia dentro) y de tracción (al doblar hacia fuera) se compensan.

La química de los polímeros busca que las capas más delicadas queden lo más cerca posible de esa línea neutra, minimizando el esfuerzo que soportan.

De la fragilidad al maratón de dobleces

Los departamentos de calidad someten las pantallas a máquinas de fatiga que las pliegan y despliegan cientos de miles de veces, en ciclos controlados de temperatura y humedad. Ahí es donde las nuevas formulaciones químicas marcan la diferencia entre un prototipo llamativo y un producto viable.

Smartphone Samsung Galaxy Z Fold7.
Smartphone Samsung Galaxy Z Fold7.

Como curiosidad, se utilizan polímeros de cristal líquido que permiten hasta 200.000 dobleces sin daño estructural.

Estos materiales, emparentados con los usados en pantallas LCD, tienen moléculas que se ordenan espontáneamente en fases intermedias entre sólido y líquido. Esa estructura les da una combinación poco usual de rigidez direccional y flexibilidad, ideal para soportar doblados repetitivos sin que aparezcan microgrietas.

Smartphone Huawei Mate XT.
Smartphone Huawei Mate XT.

Además, la capa de vidrio ultrafino no se comporta como el vidrio de una ventana. A escalas de pocas decenas de micras, el vidrio puede flexionarse de forma elástica: se dobla y vuelve a su forma original sin romperse. El truco está en no superar su radio mínimo de curvatura, calculado en función de su grosor y de la composición química utilizada en el templado.

El papel oculto de la bisagra

La química también llega a la bisagra, aunque menos visible. Los metales y recubrimientos se eligen para evitar corrosión por sudor, polvo y cambios de temperatura, mientras se mantiene una fricción precisa: lo bastante rígida para que el teléfono se quede “a medio abrir”, pero no tan dura como para forzar la pantalla.

Smartphone Samsung Galaxy Z Flip5.
Smartphone Samsung Galaxy Z Flip5.

Lubricantes sólidos y recubrimientos de baja fricción, basados en compuestos como disulfuros metálicos o polímeros fluorados, reducen el desgaste interno. Cualquier fallo en esa mecánica se transmite en forma de esfuerzos extra sobre la pantalla, acortando su vida útil.

¿Pantallas plegables para quedarse?

La combinación de polímeros avanzados, vidrios ultrafinos y capas orgánicas emisoras ha convertido lo que parecía un experimento frágil en una categoría de producto con aspiraciones de permanencia.

Smartphone Samsung Galaxy Z Flip 7.
Smartphone Samsung Galaxy Z Flip 7.

Quedan retos abiertos —desde la resistencia al rayado hasta la reducción del pliegue visible—, pero la dirección es clara: la química de materiales se ha convertido en la verdadera bisagra sobre la que se dobla, o se rompe, el futuro de los teléfonos plegables.