Dónde queda Las Grutas y cómo llegar a este balneario patagónico
Las Grutas está en el norte de la Patagonia argentina, sobre la costa atlántica de la provincia de Río Negro. Se recuesta sobre el golfo San Matías, frente a un mar protegido por la curvatura del litoral, a unos 15 kilómetros de San Antonio Oeste y a poco más de 1.100 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires por ruta.

En auto, el acceso más habitual es por la Ruta Nacional 3, que recorre la costa atlántica patagónica. Desde Viedma, capital rionegrina, son unas 3 horas de viaje hacia el sur; desde Bariloche, el cruce de cordillera a mar demanda unas 8 horas, combinando rutas nacionales y provinciales a través de la estepa.
El aeropuerto más cercano con vuelos regulares es el de San Antonio Oeste / Las Grutas (según temporada y líneas aéreas) o, como alternativa, el de Viedma.
También llegan servicios de ómnibus de larga distancia desde Buenos Aires y ciudades patagónicas, que dejan a los viajeros a pocos pasos del frente costero. Una vez en el balneario: las playas se organizan en “bajadas” numeradas, y gran parte de los recorridos se hace caminando.
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El secreto de las aguas más cálidas de la Argentina
Para quienes asocian Patagonia con playas frías, Las Grutas rompe el mapa mental. El golfo San Matías funciona como una gran piscina natural: sus aguas son relativamente poco profundas, están resguardadas de las corrientes más frías y reciben muchas horas de sol y reflejo en las paredes de los acantilados.

El resultado son temperaturas que, en pleno verano, pueden rondar entre los 20 y 24 °C, cálidas para el estándar atlántico argentino.
La amplitud de mareas es otro rasgo que define la experiencia. Cuando el mar retrocede, la arena parece multiplicarse y aparecen piletones naturales entre las rocas, ideales para sumergirse con calma, caminar descalzo y descubrir pequeños mundos marinos: caracoles, mejillones, cangrejos y algas que se dejan ver a flor de agua.

Con la pleamar, en cambio, la postal se vuelve más vertical: el Atlántico llega hasta la base de los acantilados, las cuevas se llenan de bruma salada y el sonido del oleaje se amplifica.
Cuevas, acantilados y balcones al mar: el paisaje que da nombre a Las Grutas

El nombre del destino no es casual. A lo largo del frente costero, la erosión del viento y el mar fue tallando la roca arcillosa y calcárea hasta crear oquedades y cavernas que, vistas desde la arena, parecen verdaderos balcones naturales al océano.
Son las “grutas” que se convierten en escenario de caminatas fotográficas y postales distintivas.
Las playas se organizan en una serie de bajadas numeradas –Primera, Segunda, Tercera y así sucesivamente– que descienden desde la parte alta del pueblo hasta la costa. En cada una, las escaleras y pasarelas permiten asomarse a los acantilados, encontrar miradores al golfo y elegir la franja de arena preferida.
Uno de los paseos más característicos se hace justamente al pie de esos acantilados, caminando en marea baja entre recovecos y formaciones. El juego de luces que se filtra en las cuevas, el contraste entre la roca ocre y el azul del agua, y la sensación de estar rodeado de paredes naturales hacen de este tramo de costa un escenario muy diferente a otros balnearios argentinos.

Hacia el sur, el paisaje suma matices en sectores como Piedras Coloradas, donde grandes rocas rojizas emergen de la arena dibujando una escena casi marciana. Allí, el mar se combina con médanos y formaciones minerales que invitan a explorar con calma, al ritmo de la caminata.
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Qué hacer en Las Grutas: mar, aventura suave y vida de playa
Las Grutas está pensada para vivir de cara al mar. Durante el día, la vida se concentra en la franja de arena. El agua templada invita a largos baños, juegos en la orilla y chapuzones que se alternan con momentos de lectura a la sombra y caminatas a lo largo del golfo.

La extensa costa permite encontrar sectores tranquilos incluso en temporada alta.
Para quienes buscan algo más activo, las opciones se multiplican. Kayak y stand up paddle permiten recorrer la línea de acantilados desde otra perspectiva, deslizarse sobre el agua calma del golfo y asomarse a pequeñas calas.
En los días de mar sereno, algunos prestadores ofrecen salidas sencillas de snorkel para observar el fondo arenoso y las formaciones rocosas.
Las excursiones náuticas son otro clásico. Los paseos en lancha se internan en el golfo San Matías y, dependiendo de la época del año, es posible avistar delfines, lobos marinos y aves costeras que sobrevuelan las embarcaciones.
La sensación de alejarse de la costa y ver el perfil de los acantilados recortado contra el cielo patagónico suma una dimensión diferente al viaje.

En tierra firme, el entorno de estepa baja y médanos ofrece escenarios para salidas en vehículos 4x4, cabalgatas o recorridos en bicicleta por caminos de ripio y senderos costeros. Los médanos cercanos suelen ser terreno de juegos de aventura suave, como descensos en tabla sobre la arena.
Imperdibles y alrededores de Las Grutas
Más allá de la playa a la que se baja cada día, hay lugares que suelen figurar en la lista de infaltables para cualquier viaje a Las Grutas. El Cañadón de las Ostras es uno de ellos: una formación donde se observan antiguos bancos de ostras fosilizadas incrustadas en las paredes, testimonio geológico de un mar pasado. El paisaje combina acantilados, pequeñas calas y vistas amplias sobre el golfo.
Las cercanas Bahía Creek y la zona de Punta Villarino, así como otros puntos del litoral del golfo San Matías, suelen formar parte de circuitos costeros más amplios.
Hacia el interior, la excursión a las Salinas del Gualicho propone un cambio total de escenografía: una inmensa planicie blanca donde la sal refleja la luz y crea un ambiente de otro planeta, especialmente atractivo al atardecer.
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A pocos minutos en auto, San Antonio Oeste conserva el aire de pueblo patagónico ligado al mar y al ferrocarril. Sus calles tranquilas, el puerto y el pequeño centro comercial completan el abanico de paseos cortos para quienes eligen quedarse varios días en la región.
Cuándo viajar a Las Grutas y cómo es el clima
La temporada alta en Las Grutas se concentra en el verano, entre mediados de diciembre y fines de febrero. Es el momento en que el agua alcanza sus temperaturas más agradables, los días se alargan y la agenda de actividades se intensifica, con espectáculos al aire libre, propuestas culturales y un ambiente vibrante en la costanera.

Marzo suele ofrecer jornadas más calmas, con clima todavía templado y menos movimiento en la playa. La primavera, desde octubre, regala días luminosos y temperaturas agradables, ideales para caminatas, recorridos fotográficos y paseos en auto por los alrededores, con un golfo que empieza a templarse de a poco.
El clima es típicamente patagónico: veranos secos, con mucho sol, baja humedad y noches que refrescan; inviernos suaves junto al mar en comparación con la cordillera, pero con mayor amplitud térmica y vientos más presentes.

A lo largo de todo el año, conviene llevar abrigo ligero para las noches y algo para protegerse del viento, incluso en los meses más cálidos.
Entre aguas cálidas, cuevas talladas en la roca y días marcados por el vaivén de las mareas, Las Grutas ofrece una forma particular de vivir la Patagonia, mirando siempre hacia el mar.
