Dónde queda Cortina d’Ampezzo y cómo ubicarla en el mapa
Cortina d’Ampezzo está en el Véneto, dentro del valle de Ampezzo, en pleno arco de los Alpes italianos y rodeada por algunas de las cumbres más icónicas de las Dolomitas.
Se ubica entre pasos de montaña y bosques de coníferas, en un punto estratégico para moverse por el noreste italiano: hacia el norte, el Tirol del Sur; hacia el este, la frontera con Austria se siente cercana en la arquitectura y en ciertos sabores.
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El invierno fuera de pista: lagos que se vuelven espejo de hielo
Cuando las temperaturas bajan, el paisaje se simplifica y se vuelve hipnótico. A pocos minutos del centro, el Lago di Misurina ofrece una de las escenas más buscadas del invierno dolomítico: el agua inmóvil, a veces parcialmente congelada, con las montañas recortadas atrás.

El recorrido perimetral es sencillo y accesible para caminar con calma, ideal para una mañana de luz limpia.
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Más cerca de Cortina, el Lago di Pianozes propone un ambiente íntimo, con menos movimiento y una atmósfera de bosque. En días fríos, el entorno adquiere tonos blancos y grises, y el paseo se vuelve casi silencioso, acompañado por el crujido de la nieve bajo las botas.
Senderismo invernal: caminatas entre pinos y miradores dolomíticos
Quien se pregunte qué hacer en Cortina d’Ampezzo sin calzarse los esquíes encuentra una respuesta inmediata en sus senderos invernales. Las rutas varían según nieve y condiciones, pero el espíritu es el mismo: caminar entre árboles, llegar a balcones naturales y volver con el aire helado en la cara.

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Una de las excursiones más memorables es la que conduce a las Cinque Torri, un grupo de agujas rocosas que en invierno se vuelve escenario de caminatas panorámicas y fotos de postal.
Otra experiencia clásica es acercarse a Tre Cime di Lavaredo (en el entorno dolomítico cercano), un nombre que funciona como imán para quienes sueñan con ver las Dolomitas en su versión más dramática.

Para un plan más urbano y a la vez al aire libre, la antigua vía ferroviaria transformada en sendero, la pista ciclable y peatonal Cortina–Dobbiaco, ofrece tramos ideales para caminar en invierno: túneles, puentes y un trazado amable que acompaña el valle.
Entre los sitios emblemáticos, el Passo Giau es un nombre recurrente por sus vistas abiertas y su carácter escénico: curvas de montaña, horizontes de roca y nieve, y el tipo de panorama que se recuerda con nitidez.
También vale la pena buscar puntos de observación hacia los grandes macizos que rodean el valle; en días despejados, la geografía parece dibujada a propósito.
Pueblos y rincones que se sienten “ocultos”
Más allá del centro, hay aldeas pequeñas en las que el invierno se vive puertas adentro y a ritmo local.

San Vito di Cadore, hacia el sur, regala vistas abiertas de los macizos y un clima de pueblo de montaña. Hacia el norte, Dobbiaco (Toblach) funciona como base para explorar valles y lagos, con esa mezcla italo-alpina que marca toda la zona.

En Cortina, el paseo por Corso Italia muestra el lado lifestyle: cafeterías, tiendas históricas y vitrinas de diseño enmarcadas por picos. Es también un buen punto de partida para ir hacia miradores cercanos y volver a la tarde, cuando las luces se encienden temprano.
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Cortina y los Juegos Olímpicos de Invierno 2026: el pulso de una temporada especial
Con Milán–Cortina 2026 en marcha hasta el 22 de febrero de 2026, el destino gana un atractivo adicional para el viajero curioso: ver cómo un clásico alpino se prepara y se vive en “modo olímpico”.
En la zona se respira el ambiente de gran cita deportiva, con movimiento internacional y una agenda invernal especialmente activa.
Aun sin asistir a competencias, la temporada invita a sumarse a esa energía desde experiencias cotidianas: caminatas matinales, miradores al atardecer, una merienda caliente después del frío.
Datos útiles: clima, mejor momento del día, sabores de montaña
El invierno en Cortina es frío y de alta montaña: días cortos, aire seco y cambios rápidos de luz. Conviene pensar el ritmo en dos momentos fuertes: mañanas luminosas para lagos y caminatas, y tardes para el plan lento del pueblo.
En la mesa, el norte italiano se vuelve alpino: platos reconfortantes, quesos, embutidos y pastas. En refugios y restaurantes aparecen especialidades de montaña y postres tibios que funcionan como pausa natural entre un paseo y otro.
Para beber, una copa de vino del noreste italiano o una infusión caliente acompañan la escena sin apuro.
