Confesiones de una prostituta

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Nunca pensó que lo haría. Movida por la falta de trabajo y el deseo de superación, optó por un camino que la llevó a alquilar su cuerpo por unos guaraníes. Bajo la promesa del anonimato, decidió confesarnos su historia.

Junto a otras "colegas" alquila un departamento céntrico en Asunción, donde recibe en promedio seis clientes diariamente.

"Me despierto a las 09:00, desayuno y veo la tele. A veces salgo por ahí y después ya tengo que venir otra vez para empezar el tema", relata Daniela, nombre ficticio con el que pidió ser identificada.

Muy joven, a los 21 años, se inició en "el oficio más antiguo del mundo". Cuenta que nadie le obligó, aunque la necesidad le motivó a encontrar alternativas para ganarse el pan diario, pagar las cuentas y ayudar a su madre, que vive en Paraguarí.

Su familia no está enterada. "Piensan que trabajo como vendedora en Roque (Mariano Roque Alonso). Si saben lo que pasa, me matan luego", expresa.

A ella no le falta instrucción alguna. Se recibió de bachiller en el Colegio Nacional "Doctor Juan Manuel Frutos" y, gracias a la ayuda de una tía, con quien vivía en Loma Pytá, logró concluir una tecnicatura en Obstetricia.

"Demasiado mucho anduve buscando (trabajo). Me presenté hasta en los concursos (de méritos) que hace el Ministerio de Salud. Me fui hacia los hospitales, pero nada (...). Bola es que hay trabajo gua'u", manifiesta.

Comenta que no tiene amigas. Se alejó de ellas por temor y vergüenza cuando se inició en el mundo de la prostitución. "Acá entre las compañeras no hay amistad en serio, pero sí hay buena onda", agrega.

En su solitaria vida consiguió un novio, quien está enterado de sus actividades rutinarias. "Reciencito nomás (se inició la relación). Él sabe bien luego. Y si me quiere, así me va a aceptar, digamos", refiere.

¿Sabés del peligro de las enfermedades como el sida, verdad?

Sí, pero yo me cuido. Sin forro no anda. También acá tenemos una asociación donde nos ayudamos y cada tanto nos hacemos el test (de Elisa) y eso. Yo doy charlas luego a mis compañeras de cómo prevenir todo (...) Hay riesgos en todos los trabajos.

¿No pensás dejar alguna vez la prostitución?

Y no sé, che. Gano bien, gano mejor que vos seguro, por ejemplo (risas). Legalmente, qué lo que voy a hacer (...) Acá uno puede ganar desde G. 3 millones y más luego. Todo depende de que te dé el cuero. Mientras más bien te mantenés, más caro podés cobrar.

Conozco gente que cobra 10 palos por ahí (G. 10 millones). Depende de la temporada también.

Al pedo estudiás. Cuánto estudié y para qué... No hay oportunidades.

¿Y no pensás tener familia, hijos...?

Hay personas que no nacemos para eso. Capaz después. No quiero hablar de eso todavía. La vida me enseñó mucho.

¿Qué te enseñó?

Que los hombres son una mierda. Así nomás...


Ella misma da por concluida la entrevista y refiere que ya tiene que alistarse para su jornada.