El tirano barrió con el Ejército y la ANR

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Alfredo Stroessner apuntó su mira a los hombres que no podría manejar, aquellos que no se alinearían a sus fines. Sabía que su eternización en el cargo tropezaría con serios obstáculos, tanto en el plano militar como político.

Fue así como elucubró, articuló y provocó una "crisis militar" en la guarnición más peligrosa a sus intereses, la Primera División de Caballería. Para ello planificó con subalternos arribistas y codiciosos que no tenían escrúpulos para traicionar y entregar a su comandante directo y natural de la división, pues Stroessner, como jefe y presidente a la vez, prometía cargos, beneficios y exenciones amplias mientras durare la carrera castrense, si los mismos se alineaban a sus designios y voluntad. La conspiración, atiborrada de megalomanía, se elaboró en la propia casa mayor (Mburuvicha Róga), donde con sigilo asistían a las reuniones nocturnales en forma periódica el capitán José María Argaña, un capanga mayúsculo y enlace vital para subvertir y lograr la adherencia de los camaradas en la coordinación y ajuste del complot; a su vez, los capitanes Roberto Cubas Barboza (eje de la indisciplina y foco del levantamiento), Andrés Rodríguez Pedotti, Julio César Palacios, Hernando A. Solís, Sixto Duré Franco y otros camaradas alineados; los capitanes del Batallón Escolta Giménez, Alejandro Fretes Dávalos y a través de ellos comprometiendo a los siguientes suboficiales: los sargentos 2º Fidel Gómez de la Fuente, Erdulfo Ramírez, los sargentos 1º Torres y Troche, el cabo 2º Eligio Vera Achar y los jinetes Froilán Recalde, Cástulo Galeano, Ignacio Olmedo. Protagonizados los hechos, se plegaron el teniente 1º Ramón Díaz Delmás, el Teniente Coronel (armero) Olimpio Ruiz y una manada de hombres a quienes solo les turbaba los intereses particulares de Stroessner y las promesas de este para el futuro.

Un escándalo cuartelero para satisfacer sus apetencias  
 
La crisis generada alteró el orden institucional y vapuleó al Ejército en su doctrina disciplinaria y verticalista. Muchos comandantes, oficiales y suboficiales fueron sorprendidos, no entendían lo que pasaba, no discernían el juego o el movimiento del ajedrez político elucubrado por la clarividencia maléfica y morbosa de un "comandante supremo", no dilucidaban para qué bando disparar, todo resultó muy artero, confuso y alienante por el temor a equivocaciones y a probables represalias que pudieran surgir. Con la Caballería neutralizada, la Artillería maniatada y el Batallón 40 aislado, en caso de conflagración, el final era imprevisible, de un epílogo incierto y de probabilidades limitadas porque a Stroessner le respondían las demás unidades donde estaba instalada "su gente ya conversada" (Infantería, Marina, Aviación, Colegio Militar, Escolta Presidencial y otros). Estaba logrando la incondicionalidad pretendida y el resquebrajamiento total del orden jerárquico. Y como resultado final de aquella "erupción cuartelera", se conquistó la separación de Candia de la Caballería, la remoción de Osta de la Artillería, la destitución de Ortega del Batallón 40 y la ‘razzia’ de una centena de oficiales jóvenes leales a estos comandantes naturales. Las Fuerzas Armadas fueron heridas de muerte en su soberanía institucional; y de aquel Ejército nacional nada quedó porque simplemente pasó a convertirse en un alienado ejército propio que reinó hasta el 2 y 3 de febrero de 1989.

Rica memoria almacenada con testimonios y documentos  

En las prolongadas pláticas que mantuve con el mayor Virgilio Candia, procurando almacenar todo el testimonio de cuanto le tocó padecer después del "push" (21-XII-1955), le expuse varias inquietudes personales. Esas interrogantes o curiosidades que me nacían, las fuimos cotejando debidamente con los "dimes y diretes" del círculo áulico del dictador. Así fue narrándome en detalle los acontecimientos y ante cualquier confusión mía, volvíamos hacia atrás buscando hilvanar la correlación y la precisión de los hechos.   

Las falsas evidencias o pruebas inventadas eran para justificar el "push" del 21-XII-1955 ante la opinión pública, las Fuerzas Armadas y el Partido Colorado. Stroessner concibió una treta para hacer aparecer al oficial removido de la Caballería, como el verdadero "golpista" y quien supuestamente estaba complotado con otros comandantes de diferentes unidades pretendiendo atentar contra el "orden constituido" y llevar inmediatamente a Epifanio Méndez Fleitas como presidente de la República. A tal efecto, formó un fingido tribunal militar que sirvió para juzgar a los "involucrados en la revuelta" por el "supuesto delito contra el orden institucional y la disciplina militar".
La tarea de este fraguado Tribunal fue hacerle el juego al presidente Stroessner, se tomó declaración a algunos "elegidos" y a otros se los obvió. Se fabricaron testimonios y testigos de toda índole donde capearon las fantasías, las habladurías, los inventos de libretos y las burdas justificaciones. Se recurrió a las más amplias prerrogativas para mancillar a los oficiales "supuestamente complotados", iniciándose el sumario por "Orden General Nº 117 del 23-XII-1955". A pesar del burdo manipuleo, careció de escrúpulos para aparentar. Tan manifiestos fueron el montaje y la farsa que el Tribunal ya no supo qué hacer, se vio forzosamente a concluir su tarea el 14-III-1960 sin encontrar los méritos suficientes para acusar, sentenciar y condenar a los inculpados. En consecuencia, el dictamen del "tribunal stronista" recomendó ABSOLUCION por la prescripción y el archivamiento de la causa, pues el "delito contra el orden público y la disciplina militar" prescripta en el Decreto-Ley Nº 6433 del 18-XII-1944, en sus artículos 56, inciso 4º, 60 y 221 del CPM y el artículo 124 del mismo código, no fue materializado ni efectivizado. Igualmente, Alfredo Stroessner, mucho antes de que se expidiera el Tribunal, sabiéndose seguro y omnipotente, en forma unilateral y arbitraria, gozando de todo tipo de impunidad, el 17-X-1959 pasó a "retiro temporal" a todos los oficiales, sin que esa "temporalidad" concluya.   

Las preguntas que a continuación exponemos nacieron espontáneamente y fueron formuladas al mayor Candia en prolongadas tertulias de análisis y repaso:

- ¿Cómo fue que ustedes se fiaron de Alfredo Stroessner para el 4-V-1954?  


- "El no era candidato para nada, solo fue el jefe circunstancial de la conspiración por haber sido en ese momento el comandante en jefe, delegado por el presidente Federico Chaves. Ni por asomo consideramos la posibilidad de su presidencia, ninguno de los complotados insinuamos tal probabilidad, no era el fin desde luego. Por eso confiamos, porque en ningún momento aludió tal cosa. Aparte de eso, nosotros éramos oficiales jóvenes, muchachos sanos, fervientes, románticos, idealistas y con buenos propósitos. El era de mayor edad, de máxima graduación militar y curtido como oficial por haber participado en la Guerra del Chaco, en la revolución y en un montón de conspiraciones, era nuestro comandante y le respetamos por su trayectoria, no precisamente por sus luces. Como nosotros fuimos bien formados en la Nueva Escuela Militar con instructores de calidad, con acendrados principios, lealtad, espíritu de cuerpo y patriotismo, creimos en él, no dudamos ningún instante de nuestro jefe porque en todo momento se mostró diferente a lo que fue posteriormente, nos engatusó a la perfección con disimulos, su gruesa máscara ocultó muy bien las verdaderas intenciones, en una palabra, nos utilizó con astucia, falacia y maquinación".   

- Muy tarde lo conocieron a Stroessner…  


-"Lastimosamente… triunfante el golpe del 4-V-1954, la maraña urdida y oculta por él y con el acople ulterior de los políticos serviles que buscaron réditos a la situación planteada, se adulteraron los objetivos primigenios. Después de asumir la presidencia el 15-VIII-1954 con una elección presidencial montada, de fachada, su obsesión por el poder ya no tuvo límites, lo obnubiló absolutamente, afloraron sus garras, viendo fantasmas por todos lados. Si hoy te consideraba su entrañable amigo, mañana, por simples inventos, pasabas a ser su acérrimo enemigo. Dudaba de medio mundo porque él era sucio en su ser, siempre pendiente de las intrigas, afecto al chismerío (su afición favorita), un conspirador nato, no le importaban las reglas de juego limpias, ni la Constitución, ni las leyes, ni las buenas costumbres, en consecuencia, conjeturaba que todos los hombres integrantes del Ejército y el Partido Colorado podrían ser como él, hipócritas, tramposos y de doble filo. Encima era miedoso, su cobardía no tenía límites, por ello, las responsabilidades encomendaba o comisionaba a otros, simplemente porque su temor lo inhibía. Varias veces pusimos a prueba su coraje y le advertimos de su parsimonia y doblez, a tal punto que lo fustigamos y eso lo enervaba. Una vez lo encaramos y le dijimos Ortega y yo: ‘anína rekyhyje mi general, rembopuku reíma niko ñande rape, ore roime nendive, ipukuvérõ ikatu ikarê ha jajepilla (no tenga miedo mi general, alarga en demasía la ejecución del plan, nosotros estamos comprometidos con usted, si esto se dilata se torcerá y terminaremos descubiertos). No se animaba a concretar el golpe que planificamos, demoraba demasiado y sin razón alguna, hasta que se cumplió lo que le advertíamos, se nos descubrió y gracias al temple y decisión de Ortega se volcó la difícil situación planteada. Así el golpe tan proyectado salió triunfante espontáneamente. Stroessner recogió los frutos ‘sin haber movido un dedo’, frase que le gustaba invocar reiteradamente para cada reelección posterior".

 

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