YPEHU (Pablo Medina, corresponsal). El español, Diogo Mateus García, de 95 años, propietario de la hacienda, afronta desde hace años la constante incursión de diversos grupos de plantadores de marihuana, quienes se “adueñan” de sus tierras, manteniendo unas 300 hectáreas, con más de 30 parcelas activas del cannabis, con un rendimiento promedio de 2.000 kilos por cada hectárea. La finca se encuentra en el límite de los distritos de Itanará y esta fronteriza localidad.
El extranjero adquirió el inmueble hace 27 años, para convertirla en la hacienda “Ka’aguy Porã” (monte lindo), para la producción de bovinos.
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“En mi mejor época llegué a tener 4.000 cabezas de ganado vacuno, pero por los sucesivos robos decidí abandonar la ganadería”, se lamentó.
Arrendamiento
El empresario Mateus García aseguró que, a consecuencia de los problemas con los plantadores, se vio obligado también a arrendar unas 3.500 hectáreas al empresario brasileño Gustavo de Carvalho Caetano, cuyo contrato vence en marzo del 2011.
“No sé cómo se maneja ese señor (refiriéndose al arrendatario) con los plantadores de marihuana. Seguro que le roban sus animales, pues a mí me perjudicaron bastante. Cada semana me robaban uno o dos animales, no me dejaban vivir tranquilo. Con mi hijo Guillerme hice la denuncia, pero los responsables nunca fueron castigados”, se quejó.
Solo destrucción
Según los datos obtenidos, agentes de la Senad tienen localizadas unas 20 a 30 parcelas activas, que totalizan alrededor de 300 hectáreas de marihuana, dentro de la hacienda Ka’aguy Porã. La organización estima que anualmente se destruyen cerca de 600 toneladas de marihuana, en la referida área boscosa.
Los antidrogas incursionan en la propiedad hasta tres veces por año, con el apoyo de la policía brasileña, para destruir el cultivo del cannabis, preferentemente en etapa de cosecha. En todas las intervenciones, los expertos logran desmantelar solo la infraestructura, instalada para la producción y posterior comercialización de la marihuana. No existe registro de detenciones de los plantadores de la hierba maldita en la región.
Sin respaldo
Según Mateus García, dueño de las tierras, desde hace años solicita autorización a la Secretaria del Medio Ambiente (Seam) para la explotación de sus bosques, como una forma de desalentar o desahuciar a los grupos de facinerosos que se “adueñan” de la propiedad.
Insistió que no pudo producir sus tierras, debido a la extrema inseguridad que existe en esta fronteriza localidad. “Solo quiero trabajar, producir todo lo que puedo con la fuerza que aún me queda. No estoy en contra de las autoridades, al contrario, solo pido garantía para trabajar y seguir viviendo en este lugar”, exclamó.
Subrayó que tiene un importante proyecto de producción para implementar, pero admitió que siente temor de enfrentar a los facinerosos que dominan las áreas boscosas de su propiedad.