El Puente de la Amistad, de 506 metros, sobre el caudaloso río Paraná, es la principal vía para el intenso movimiento comercial que se registra entre Paraguay y Brasil. Permite el paso de miles de turistas, que llegan hasta la capital del Alto Paraná para realizar compras. Pero también es escenario de manifestaciones de todo tipo y de estricto control de las autoridades del vecino país.
El pasado 26 de enero se completaron 50 años de su habilitación, en el año 1961, cuatro años después de la fundación de la que es actualmente Ciudad del Este.
Diariamente, se registran sobre la pasarela el paso de alrededor de 30.000 vehículos, incluidos camiones y motos, de acuerdo a las estimaciones.
Reinaldo Chávez, de 70 años, quien reside en el Barrio Obrero de la capital del Alto Paraná, al recordar la época de la edificación de la pasarela, dijo que estuvo trabajando en la obra en el año 1956, y que era puro monte lo que cubría el centro de la entonces llamada Ciudad Presidente Stroessner.
Los pobladores de la zona empezaban recién a abrir caminos de tierra, pero ya existía un fuerte presentimiento de que en pocos años ese tupido monte sería reemplazado por calles y por una intensa actividad comercial, destacó Chávez.
Atendiendo a los datos referentes a la construcción del puente, trabajaron más de 600 paraguayos en la obra, varios de ellos se quedaban en una pensión llamada “Paraná”, cuya propietaria, de nombre Cristina, es también dueña del actual hotel “Mi Abuela”, en el centro de Ciudad del Este.
En aquella época, para cruzar el Paraná hacia el Brasil se hacía a través del denominado Puerto Flor de Lis, o el Puerto de Presidente Franco.
Brillo
Existen varias promesas, pero hasta el momento no se cumplen. Unas de ellas es la de recuperar el esplendor del Puente de la Amistad, que necesita un mantenimiento general y la renovación de algunas piezas de su estructura, pero lo más urgente es la iluminación.
La Itaipú se había comprometido a ejecutar los trabajos, pero hasta el momento eso no pasa de una mera promesa.
Por otra parte, la queja generalizada de los turistas se refiere al estricto control que implementa el Brasil sobre la pasarela.