Hacia fin de año, quien más quien menos, aunque sea en medio de la sidra, el clericó y el pan dulce, aprovecha para hacer un paneo general donde visualiza los éxitos, fracasos, alegrías y tristezas que sucedieron en el año viejo y así emprender el nuevo año con una especie de "balance" en el cual no siempre cuadran los números y sueños, pero que tiene su utilidad para hacer frente a nuevos caminos.
Hoy nomás estuve pensando que deberíamos incluir en nuestro "cierre individual" al país; y me dije que este ejercicio es importante para que podamos asumir nuestra cuota de compromiso ciudadano en la realidad que nos circunda y dejar de ser únicamente la voz ronca de la protesta que reparte culpas y responsabilidades en las autoridades cuya ineficiencia, corrupción y torpeza son, sin dudas, en una parte importante nuestro yerro, pues fuimos nosotros los que elegimos o no (en el caso que no hayamos votado) a esas personas como representantes y resulta muy cómodo que ahora pretendamos trasladar todas las faltas y miserias "al otro" y dejar de escudriñar internamente la cuota de responsabilidad que nos corresponde, puesto que desconocerla es el camino seguro a un nuevo fracaso.
En ese sentido debemos acostumbrarnos a diagnosticar a nuestra sociedad, a nuestro país, a nuestros representantes, pero esta tarea de diagnóstico debe ser proactiva, nos tiene que involucrar sellando un deber cercano con el cambio; construir y aportar son los desafíos del 2012 y por qué no decirlo de este siglo.
Una frase me viene a la mente a propósito de todo esto: "Nadie es tan grande para hacerlo solo, ni tan pequeño como para no ayudar", y en ese tren podemos decir sin temor a equívocos que Paraguay nos necesita tanto, a todos. Debemos aprender a vencer el "no se puede", el "así nomás tiene que ser", el "péichante", el "oikomínte", el "ya da ya"; y empezar a trabajar cada uno desde su lugar metas más ambiciosas como país; debemos empezar a zapatear para que funcionen nuestras instituciones, debemos empezar a dejar de tratar como "grandes señores" a políticos y autoridades que tanto daño nos hacen con sus conductas; debemos empezar a dejar de ser indiferentes, pues nuestra indiferencia es sinónimo de complicidad con los actos ruines que realizan las autoridades "en nombre nuestro".
Che kuerái de la gente que antepone los trapos, los intereses sectarios, las ideologías a nuestro futuro y hace que cada presente sea una constante pesadilla de baches, caos vehicular, corrupción institucionalizada, desorden, inmundicia, falta de planificación y creatividad: eso nos hace mal. Pienso en el 2012, en el 2013 y en el 2050; pienso en los que vienen a poblar nuestro país, en mis hijos y en los tuyos, en los que están creciendo en las calles sin esperanzas por culpa de una sociedad anémica que no tiene tiempo de ponerse las pilas y encarar la vida de su país, y me pregunto para finalizar este rosario de ideas: ¿vos pusiste entre tus sueños y proyectos del 2012 a nuestro Paraguay?
Kattya González