El 17 de marzo pasado empezó el juicio a los cadetes Leonardo Fabio Martínez Rotela, Francisco Sotelo Blanco, Guillermo Gabriel Benítez Adorno, César Antonio Candia Britos, Gustavo Joel Román Rodríguez y Carlos Cañiza.
Las defensoras públicas Alicia Augsten y Patricia Bernal plantearon nulidad de la acusación contra Cañiza por error de forma en la acusación a su defendido. Este planteamiento prosperó y Cañiza fue desvinculado del proceso por la vía del sobreseimiento definitivo.
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La defensa de los demás acusados centró sus peticiones iniciales al Tribunal en un solo objetivo común: excluir la filmación del abuso sexual del cúmulo de pruebas presentadas por la acusación, a cargo de las fiscalas Clara Ruiz Díaz y Cynthia Espínola y la abogada querellante Nuria Insnardi. Para el efecto, argumentaron que el mismo fue obtenido en forma ilegal, pues fue incautado del poder de uno de los acusados sin orden judicial y que su contenido violaba el derecho a la intimidad de los acusados.
Sin embargo, el Tribunal de Sentencia integrado por Alba González, Silvio Reyes y Blas Ramón Cabriza descartó los incidentes planteados y llevó adelante el juicio con todas las pruebas ofrecidas por las partes.
En su declaración ante la justicia, la joven explicó que el 19 de marzo del 2008 estuvo a cargo de la organización de la fiesta de bienvenida a los cadetes de Luque, realizada en una casa familiar en la vecina ciudad. Relató que fue la primera en llegar y la última en salir de la fiesta, por lo que estaba muy cansada y que durante el encuentro festivo tomó cerveza y también whisky.
Explicó que como no tenía vehículo, al retirarse de la fiesta un cadete ofreció llevarla a su casa, al igual que otros que carecían de vehículo. Así las cosas, subió al vehículo en el cual quedó profundamente dormida, tras tomar un vaso de cerveza. Lejos de llevarla a su casa, el grupo la trasladó hasta una vivienda del barrio San Pablo, propiedad de Román.
Una vez en dicho lugar, la joven fue bajada del vehículo por tres personas y llevada hasta la sala, donde posteriormente fue abusada por sus camaradas, acto que fue filmado por los cadetes.
La joven dijo que se despertó horas después bajo la ducha de la casa y que se sorprendió al verse desnuda, con un cadete inferior igualmente desnudo, Guillermo Benítez. Explicó que sentía mareo y un fuerte dolor de cabeza, por lo que empujó a Benítez, salió de ahí, buscó su ropa y al ver a su compañera Leticia Quintana, le pidió que la llevara a su casa.
La cadete dijo que solo se enteró de lo ocurrido cuando la justicia castrense le exhibió la filmación de lo sucedido, que circulaba de celular en celular entre los alumnos, que fueron posteriormente expulsados.
La exhibición del video fue uno de los momentos más dramáticos del juicio, pues la víctima debió presenciar el mismo para reconocer a sus agresores. Entre llantos, identificó a los acusados, pero no pudo ver más del 60% del material porque se vio obligada a retirarse abruptamente de la sala de juicios, ante la imposibilidad de contener el vómito.
En un fallo unánime, el Tribunal condenó a Martínez, Sotelo y Candia a 8 años y 6 meses de cárcel, como coautores. Como cómplices, Román fue sentenciado a 3 años de prisión y Benítez a 2 años y 6 meses de cárcel.