Esta consigna podría aplicarse a todas y cada una de las ciudades de nuestro país que se han “modernizado” en las últimas décadas con las instalaciones de semáforos dentro de sus límites municipales.
Los “semáforos inteligentes” de Arnaldo son el último grito de la modernidad que, paradójicamente, sirven más que nada para demostrar el atraso y la irracionalidad que campean en una gran, grandísima, porción la gestión pública.
Los “semáforos inteligentes” siguen sin mostrar su cociente intelectual superlativo en la Asunción “capital verde” y los ciudadanos (conductores, pasajeros de transporte público y peatones) siguen sufriendo el caótico tránsito. Prueba de ello es que hasta ahora se precisa del concurso de policías municipales de tránsito en los horarios pico y las esquinas críticas para que el tráfico sea más o menos fluido…
¿Es un problema de los aparatos donados por los coreanos? No creo. Todas las evidencian apuntan a que el problema en realidad radica en la crónica condición de ineficiencia en la gestión pública. Varios detalles bastan para confirmar esto.
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Semáforos inteligentes, autoridades indolentes
Veamos. En primer lugar, los portentosos aparatos fueron instalados tal cual fueron enviados por los caritativos hermanos del extremo Oriente. Ni siquiera hubo plata (que es utilizada para otros “rubros”) para pintar los postes con los colores reglamentarios de este tipo de señalizaciones viales (amarillo y negro) que no sólo ayudan a mantener los soportes sino a hacerlos visibles y distinguibles como señal vial en medio de la maraña de publicidades, postes, propagandas políticas, árboles, kioscos, limpiavidrios y tragafuegos que se congregan en las esquinas. Es decir, cuando los korekos entregaron habrán dicho “a calgo de ustedes la pintula”… Y alguien habrá respondido “Claro, señores, lo pintaremos nosotros”… y luego el presupuesto no alcanzó porque había que seguir pagando operadores políticos.
En segundo lugar, la feroz polémica creada con las “flechas de giro”, por más que haya evidenciado la razón de las críticas de los automovilistas, ni les movió el pelo a los administradores municipales. Como buenos burócratas, esperaron que pase la tormenta y luego, el enrevesado sistema de señales luminosas ya quedó instalado y funcionando con su cuota de incomprensibilidad incluida. El conductor tiene que andar adivinando los giros permitidos, recibiendo bocinazos por no tener la bola de cristal para ello y de paso, meterse mal, hacer maniobras riesgosas o entorpecer el tráfico por la irracionalidad y falta de lógica del sistema instalado. Resultado de la nefasta ecuación “semáforos inteligentes”/”autoridades ineficientes”…
En tercer lugar, si bien el sistema fue una “donación”, nadie explicó en qué se invertirá el dinero ahorrado en algo que debía estar presupuestado… Y por otro lado, evidencia que si una ciudad como Asunción no tiene siquiera para solventarse a sí misma un sistema semafórico, incluso recibiendo millonarias inyecciones de fondos por su condición de capital, más vale que deje de serlo…
Semáforos al servicio de la coima
Pero la cosa no es sencilla. El caótico tráfico que engulle a Asunción se replica en toda el Area Metropolitana, donde los semáforos existentes son la prueba luminosa de la desidia, el desinterés y la inutilidad de otros tantos intendentes y autoridades comunales, muchos de los cuales todavía tienen el tupé de pretender nuevas re-reelecciones… Semáforos que no andan, cabezales caidos, luces verdes y rojas prendidas al mismo tiempo, postes maltrechos, son evidencias de esa inutilidad que encandila la triste realidad de los miles de ciudadanos que deben sufrir a sus gobernantes. Claro, para lo que sirven a la maquinaria “recaudadora” y coimera, los semáforos mientras peor funcionen, mejor… Así, los policías de tránsito se dedican a multar y coimear, que para dirigir el tránsito o facilitar el tráfico ya se ocuparán otros…
En fin, la ineptitud e indolencia de nuestra clase política –en forma de intendentes y concejales- está hoy más que patentizada en las luminarias señaléticas viales que en lugar de ordenar el tránsito, sólo crean más caos, confunden y enervan al ciudadano…
La modernidad semafórica seguirá siendo un sueño mientras tengamos sobre nuestras vidas esta pesadilla de autoridades…