Carrulim contra la mala política

Este artículo tiene 10 años de antigüedad

Caña, ruda y limón. Ojalá en verdad espantara todos los males, y entre ellos, principalmente a los malos políticos y la mala política… causantes de todas nuestras penurias e infortunios… Ahora, encima, los autores y beneficiarios del “voto arreado” quieren incrementar sus ganancias y privilegios…

El brebaje de agosto es tradición, como se han vuelto tradición la indolencia y desfachatez de los políticos que prometen para no cumplir, usan y abusan de sus cargos, trafican de todo (influencias algunos y cosas más “puretes” otros), y esquilman las arcas del Estado con la repartija de privilegios y el despilfarro presupuestario.

Apenas se acabaron los estertores de una jornada electoral más, con su mercado negro de compra de votos, conciencias e indecencias, y ya aparecieron nuevas “ideas” para asegurarse el monopolio de los privilegios y la dilapidación de fondos públicos. A un diputado (“liberal”, para colmo) se le ocurrió ahora el “brillante” proyecto de castigar con multas, sanciones y demás a los ciudadanos que no concurren a votar, tratando con ello de hacer “eficaz” la declaración constitucional que postula la obligatoriedad del sufragio.

Mientras otras sociedades más desarrolladas e innegablemente democráticas han desechado ya este mecanismo de coacción al ciudadano en su más elemental libertad, aquí todavía pretenden imponer sanciones al abstencionismo que, considerando la inmundicia de política que nos ofrecen, es hasta un ejercicio de salud mental y una forma de expresión militante del ciudadano harto de los políticos.

¿Cree acaso alguien que este diputado o quienes surjan como corifeos de este proyecto realmente estarán pretendiendo que la ciudadanía “participe” y con ello “mejore la calidad de la democracia”? Solamente los ingenuos podrían tragarse tamaño buzón.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Ampliar la “masa clientelar” para obtener mayores beneficios…

En realidad, el objetivo es forzar a incrementar la participación en las urnas a los efectos de incrementar, por consecuencia directa, los fondos estatales que deberían recibir los partidos y candidatos en el marco de la ley electoral. Subsidios y aportes sobre los cuales –eso si no les “preocupa”- no hay control eficaz alguno y las supuestas “rendiciones de cuenta” son letra muerta y enterrada justamente por esta clase de politicastros.

Estoy totalmente a favor de la participación ciudadana. Pero la verdadera participación no se promueve con sanciones inconducentes, sino haciendo que la voz, la presencia, la inquietud de la gente sea realmente atendida, entendida y respetada. Algo que no ocurre ni por asomo en las elecciones promovidas por esta clase política. Y no ocurre justamente porque estos políticos, los mismos que quieren “forzar” a la gente a “participar”, son quienes crearon, perfeccionan y se sirven del “mercado” prebendario de las elecciones.

El sistema clientelar permea y está presente en toda la política paraguaya y no hay político, tradicional o “innovador, de izquierda o derecha, de centro o de arriba o de abajo, “progresista” o “conservador”, que se anime ni quiera desmantelarlo. Muchos lo critican pero no dudan en repetir los mismos esquemas –prebendas, privilegios, voto cautivo- para empotrarse o mantenerse en el espacio de poder pretendido o ganado.

Es un modelo que en esta pobre y desigual Latinoamérica rinde muchos resultados para los políticos que despotrican contra las “élites”, pero crean sus propias castas privilegiadas con el entorno servil, con sus parentelas, con sus correlìes “leales”. Asentamientos urbanos, bolsones de miseria, sindicatos de haraganes y privilegiados, son parte de esa clientela. Operadores y “punteros” son los “centuriones” de esos ejércitos que votan con el estómago o por la continuidad de la prebenda.

El origen de todos los males

Ahora quieren que el ciudadano sea castigado por no ir a las urnas. Será castigado aquél que, desencantado, prefiere manifestar su repudio con su ausencia. Pero no hay castigo para quienes aceitan y mantienen el sistema clientelar que corrompe el voto real.  Tampoco se castiga a los partidos ni a sus dirigentes que prefieren no depurar sus padrones, o que no rinden cuentas del dinero de subsidio o aporte, ni informan quiénes financian sus candidaturas.

El mal no está en el ciudadano que no va a votar, sino en los políticos que hacen que su voto no sirva, no cuente, no rinda frutos. El mal está en quienes con las prebendas –con dinero público o privado- hacen que nuestra democracia funcione con voto “arreado” y se aniquile la fuerza del voto razonado. El mal está en quienes hacen que la política sea un engaño, una frustración. Esos merecen la sanción.

Al tomar los siete tragos del carrulim y sentir el ardor de caña en el esófago, me atreví a soñar que ojalá su magia nos ayude a espantar el origen de todos nuestros males: la mala política y los malos políticos.

Carrulim contra el clientelismo. Carrulim contra la doble y triple afiliación. Carrulim contra el despilfarro de fondos públicos. Carrulim contra las prebendas para serviles y obsecuentes. Carrulim contra la indolencia y la ineptitud de políticos. Carrulim contra intendentes que no ven ni eliminan baches. Carrulim contra congresistas y concejales que se autoaumentan salarios y bonificaciones. Carrulim contra niñeras, caseros, coquitos, cocidos “de oro”. Tenemos motivos suficientes para una buena provisión del brebaje… hasta que la “borrachera democrática” rinda efectos…