Método luguista para un quiebre anunciado

Este artículo tiene 13 años de antigüedad

Hace mucho que eligen el silencio a la claridad de los sonidos. Insisten, también, en la confusión y en la intriga antes que en hablar claro. Hace rato que además, que prefieren las cortinas de humo a la demostración y comprobación de los hechos.

Es que la oscuridad, la trampa, el ocultamiento, son los métodos políticos favoritos de Fernando Lugo, para quien años de preparación eclesiástica -con sus maestros del callarse, de tirar basura bajo la alfombra y de guardar amenazas ocultas bajo la sotana-es obvio que no fueron en balde.

De esa manera fueron haciendo camino al andar. Y como buenos aprendices, el llanismo ahora demostró que adoptó sus métodos, con gran “éxito”. Ganó Blas, sin transparencia, permitiendo la duda, las chicanas y obligando al TEI a empuercarse con él.

Pero Blas no es más que el producto de una tendencia que ya venía tomando forma en el PLRA hace mucho tiempo. Solo hay que recordar que la  misma proclamación de Federico Franco como ganador de la precandidatura a la vicepresidencia y en consecuencia, a compartir la chapa con Lugo, fue puesta en duda por quienes hoy son los protagonistas de la misma acusación: el fraude. Frauderico, lo había bautizado Carlos Mateo.Entonces, al TEI lo dominaba la alianza Franco-Alegre, la misma que logró el número uno en el Senado para Efraín.

Es decir, lo que entonces era pupa, hoy es crisálida: mañana, la ura se disfrazará de mariposa y nos pedirá el voto a todos.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

De este tipo de cosas es que el luguismo y sus seguidores se nutre. Porque se disfrazan de antagonistas de las podredumbres partidarias pero en realidad, las impulsan,las recrean, las instigan, siempre en la trastienda, en el rellano, clandestinamente. Así, van ganando terreno: van creando espacios, cooptándolo todo, tanto, que cuando algunos se dan cuenta, es tarde para retroceder: ya quedaron presos de los chantajes, las presiones, las dádivas, canalizadas en los cargos y los placeres del poder.

La descomposición de los partidos es la descomposición de la democracia .Es por este tipo de cosas,  que hasta ahora pensábamos era potestad exclusiva de los colorados, que los partidos politicos están en franco cuestionamiento por parte del resto de los ciudadanos. Esos ciudadanos que pagamos muy caro su existencia, esos ciudadanos que vemos derrochar miles de millones de nuestro dinero en mantenerlos, bajo la premisa de que son indispensables para la democracia. Muchos creyeron que el cambio de signo politico auguraba un mejor estado de cosas; se equivocaron.

Ahora, ¿donde está la salida? Quien garantiza qué sector no sólo sanará la gangrena en los partidos, sino que hará el buen gobierno, con libertad y también modernidad, que tanta falta nos hace, que tanto anhelamos?

Los paradigmas han cambiado y al parecer la elección estará en buscar sanear la representacion política y mantener la democracia en estos términos o elegir el autoritarismo “participativo”,en el que el que no comparte es enemigo y el que comparte, cómplice.