El mejor secuestrador de la voluntad popular

Este artículo tiene 13 años de antigüedad

Una inesperada consecuencia ha tenido el debate de las ultimas semanas respecto a los 215 mil millones de guaranies solicitados por el tribuna Superior de Justicia Electoral. El sinceramiento respecto a dónde realmente van a parar los fondos.

Porque, a partir de todo lo escuchado, leído, visto y comentado en estas últimas semanas, nadie, ni una sola persona en su sano juicio puede alegar que no sabe que los fondos van a parar a los estómagos de la clase más voraz de la política criolla: los punteros.

Los punteros se han convertido en una claque especial, en una especie de ciudadanos de primera que- siendo en su mayoría de la mas baja ralea-se convierten sin embargo en privilegiados del poder. Y es que cualquier líder que pretenda erigirse en autordad a través del voto popular debe necesariamente contar con su séquito de paniaguados para tener alguna remota posiblidad de llegar   efectivamente a ganar una eleccion, o al menos a figurar en los primeros lugares.

Me explico.

Es el puntero el que le organiza las caminatas por los barrios del sector del cual el líder pretende ser diputado, senador o concejal.

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Es el puntero el que se encarga de organizar la bandita koygua, los mariachis, reggetoneros o cualquier ritmo que acompañe a la caminata del candidato.

Es el puntero el que se encarga de controlar que al candidato no lo moleste durante sus encuentros con lo vecinos, algún renegado que se muere de ganas de cantarle las cuarenta por la serie de promesas reiteradas hasta el hartazgo e incumplidas ídem.

Es el mismo puntero el que se encarga de repartir patadas, sillas, chorros de agua mineral o lo que haga falta para enquilombar, estratégicamente, cuanta asamblea se dé por perdida y haya que tomar algún atajo para salir del paso.

Es el puntero el que se encarga de hacer correr el rumor, el dia de las elecciones, de que tal o cual candidato “está leeeejos arriba” de su contrincante ocasional.

En resumen, el puntero es.. quien realmente elige. Porque son esos mismos punteros los miembros de mesa el día de las elecciones, son ellos los que se quedan hasta que haga falta, así sean semanas o meses, protestando en las calles por tal o cual fraude electoral.

Son esos punteros los que cargan las urnas, marcan los votos, anulan las actas, llavean las puertas de los tribunales electorales.

Ellos son los que eligen. Y por eso, ninguna autoridad que devenga de elecciones directas va a dudar un instante en aprobar cuanta plata sea necesaria para seguir manteniendo a éstos, los privilegiados de la distorsión de la democracia.

Nuestro dinero, el que ganamos a duras penas, el que sufrimos por lograr, va a parar a estos, los verdaderos electores, los que han aprendido a secuestrar la voluntad popular en estos 20 y pico de años de ejercicio electoral.

Aquí vale detenerse en dos detalles: el TSJE no es la única entidad que institucionalmente sirve para mantener un ejército de punteros. Los agentes del “cambio” también han construído sus propios nichos: los programas sociales de la SAS y de SENAVITAT, los programas sociales de Itaipú y Yacyreta, varios sistemas dentro del MEC, son algunos ejemplos de la construccion del mismo sistema prebendario, clientelista y corrupto que han institucionalizado los partidos tradicionales en el TSJE.

O sea, del lado en que se la mire, la clase política ha estafado la voluntad de la ciudadanía, cada vez más divorciada de sus autoridades y de sus órganos de representación. Reconstruirnos como sociedad, desde la certeza de lo que podemos tener con los partidos tradicionales y con la comprobación de que el “cambio” se reduce al status financiero de los componentes de gobierno, es ahora el desafío.