Es lo que evidentemente ocurre en el gobierno Franco, que parece no alcanzar a entender la importancia clave de tener una estrategia de comunicaciones. Aparentemente, se ha quedado en el tradicional acercamiento caudillo-puntero-afiliado, de la politica de viejo estilo, sin darse cuenta que esos tiempos han pasado.Y en la situación regional del pais, de hecho, no se puede esperar improvisaciones en términos comunicacionales.
Eso lo entendió -obviamente asesorado por expertos extranjeros- el gobierno de Lugo. La propia campaña de Lugo candidato fue un ejemplo brillante de cómo la propaganda bien realizada logra imponer imágenes que distan kilómetros de la realidad. Hasta aquél “sí, es cierto..” respecto al hijo de Viviana Carrillo, gracias a la imagen que se le construyó, Lugo tenía a todo el mundo convencido de que era alguien confiable. El tiempo develó lo contrario.
Ese gobierno potenció el ministerio de comunicaciones. De endeble estructura, sin sustento presupuestario, pero utilizó los mecanismos de la propaganda con gran efectividad. La Sicom era un pulpo de mil brazos y sólo fracasó por la incapacidad de sus gestores. Pero la idea es tan buena como peligrosa.
Ahora, el gobierno franquista parece ni oler la potencialidad de lo que tiene entre manos. Basta como ejemplo, lo ocurrido con el viaje del Presidente Federico Franco a la Asamblea General en Naciones Unidas. Itaipú financió el viaje de destacados comunicadores, todos del sector privado. ¿Para qué tener entonces, una Secretaría de comunicaciones? ¿Para qué IP Paraguay, Radio Nacional, TV Pública? Itaipú financió a comunicadores del sector privado, generando de paso la polémica sobre sus condiciones de independencia para informar. ¿Por qué no se usó el aparato estatal? En Naciones Unidas, varios -por no decir la mayoría- de los Jefes de Estado llevaron a sus asesores en comunicación, rentados por sus respectivos estados, que son funcionarios públicos. Las empresas privadas de comunicación enviaron por su lado, a sus representantes, como debe ser. Los periodistas que viajamos de manera independiente tuvimos acceso al ministro Fernando Pfannl, al jefe de gabinete Martín Burt, al ministro de Hacienda Manuel Ferreira. Pero al ministro de comunicaciones Martín Sanneman, lo vimos a las apuradas, un par de veces. Y es que posiblemente, su interés ya residía en presentarse en el ambiente diplomático y no, precisamente, elaborar estrategias de comunicación.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Cabe preguntarse entonces, ¿para qué seguir manteniendo el pulpo comunicacional estatal? O si la decisión es la contraria, ¿por qué no se potencia el aparato comunicacional estatal, si lo que se quiere es construir imágenes sin tener que depender de los medios privados de comunicación? . Todo parece indicar que serán nuevamente los legisladores, a través del Presupuesto, quienes decidirán si bajan o no, el pulgar a la Sicom.