Cachaca

Este artículo tiene 10 años de antigüedad

“Sobre gustos y colores no han escrito los autores” reza la frase popular. No hay arte de buen o mal gusto, de mayor o menor nivel, existen preferencias personales, implica la frase. Sin embargo, la realidad es que sobre gustos y colores han escrito los autores, y han escrito bastante.

“La cachaca: Ese símbolo de hambruna intelectual” dice el título de un reciente brevísimo artículo del periodista, filósofo y teólogo Adrián Cattivelli Taibo en uno de los principales periódicos de Paraguay. En este artículo encontramos una excelente oportunidad para analizar la lógica de un planteamiento supuestamente “intelectual” sobre un tema de amplio interés popular.

Si su propósito fue provocar controversia para atraer lectores, el artículo logró su objetivo. Pero si su objetivo era plantear honestamente que la cachaca, un tipo de música popular inspirado en ritmos tropicales, es un “símbolo de hambruna intelectual”, debemos levantar ambas cejas y mantenerlas en esa posición por unos segundos. Aclaro solidariamente en caso de que el lector se haya aplicado recientemente en la frente inyecciones contra las arrugas.

 Antes se avanzar digamos que si el señor Cattivelli puede identificar símbolos de “hambruna intelectual” en expresiones artísticas, entonces debemos concluir que probablemente se considera a sí mismo alguien con buena “nutrición intelectual”. Y si ese es el caso estoy seguro que nos perdonará el atrevimiento de mencionarle y poner bajo la lupa sus ideas sobre este tema. Además, creo que el hecho de que afirma saber que sus ideas no son compartidas por “las grandes masas”, también nos debe invitar a suponer que podemos analizarlas sin mayores preocupaciones.  

 Según el señor Cattivelli la cachaca es ruído y no música porque la armonía de sus sonidos es deficiente y se caracteriza por ser “estridente”, estar “empobrecida espiritualmente” y usar un lenguaje limitado. Sobre esto último cita al Tractatus Logico-Philosophicus de Ludwig Wittgenstein a quien presenta como lingüísta, aunque Wittgenstein era más bien un filósofo interesado en el lenguaje, la lógica y la conciencia, pero tampoco hilemos tan fino.

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“Los límites de mi habla representan los límites de mi mundo” reza la cita en el artículo del señor Cattivelli. ‪En el original: “die Grenzen meiner Sprache bedeuten die Grenzen meiner Welt”. Wittgenstein quería enfatizar la importancia del lenguaje en la expresión de nuestras ideas, y no precisamente proponer una categorización de las personas en función a su habilidad en el uso de cierto idioma o su preferencia de vocabulario.

Si nos basáramos en los puntos expuestos por el señor Cattivelli podríamos alegar que la música de los pueblos originarios de América o la música ancestral y milenaria de muchos pueblos del mundo no es realmente música o es inferior a otras. Muchas son precisamente estridentes y cuando emplean el habla, su empleo es limitado a pocas palabras. En cuanto a la “riqueza espiritual” confieso que debo estimular mi cuero cabelludo con mis uñas repetidamente al ponderar sobre este criterio. Y no porque no me haya bañado hoy.

 Además el señor Cattivelli postula que la cachaca no es música porque la música es un conjunto de sonidos agradables al oído que constituye una especie de lenguaje universal. Lo que implica, por ejemplo, que lo que sea realmente música debe agradar a los oídos en cualquier lugar del mundo y probablemente cualquier momento de la historia del ser humano.  

 Creo que hasta el más desatento y distraído estudiante de historia, antropología, sociología o psicología puede explicar que las expresiones musicales son diferentes en diferentes culturas y que estas han variado a lo largo de la historia humana. Y que la prefencia musical también varía obviamente dentro de cada cultura dependiendo de cuando y donde nos haya tocado vivir y que nos haya tocado vivir.

 Aunque a mi francamente tampoco me guste mucho que digamos, la cachaca parece tocar una fibra del corazón de millones de paraguayos. Es una expresión que les dice algo, que pueden compartir y disfrutar juntos. Es música.

 Y aunque hay numerosos adeptos a la cachaca en Paraguay que parecen tener un celo evangelizador y la comparten a todo volumen hasta en los parlantes de los buses sin haber obtenido antes el consentimiento de familiares, vecinos, amigos, clientes, mascotas u otras posibles víctimas en la fauna y flora local, esta falta de urbanidad y buenos modales no se limita solo a los cultivadores de este género musical.  

 Señores cachaqueros, señor Cattivelli, recuerden lo que sobre gustos y colores ha escrito este autor, chucu-chuk, chucu-chuk, chucu-chuk.

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Alex López-Rolón ( @xealleax ) es un psicólogo paraguayo formado en Japón (en japonés) en la Universidad de Chiba y especializado en neuropsicología cognitiva clínica y experimental en diferentes universidades, centros de investigación y hospitales europeos. Trabaja actualmente en Alemania como investigador del Departamento de Neurología del Hospital de Clínicas de la Universidad de Múnich.