No a un lugar de la Mancha, sino a un lugar del norte de Europa cuyo nombre prefiero no mencionar, fui hace poco a un asadito con mandioca (asado = barbacoa, mandioca = yuca). La cultura paraguaya es asadito-mandioca-céntrica. Debido a estrictas reglas no escritas de la arquitectura de la fibra misma del agridulce y esquizofrénico cosmos paraguayo, cuando más de dos paraguayos se reúnen en cualquier lugar del planeta un sábado por la tarde, un asado con mandioca tiende a aparecer casi milagrosamente. Si el tiempo es bueno y hay espacio puede aparecer también exnihilo una pelota de fútbol. Cuando hay asado con mandioca esto tiende a producir la aparición de más paraguayos, cuyo número va aumentando en proporción directa a la cantidad del asado, la mandioca y del brebaje con el que se acompañe a este manjar. La tradición oral nos confirma que esto ha sido el caso desde tiempos ancestrales.
Curiosamente, siguiendo una mecánica muy parecida a la del hipo, en cierto momento de este asadito con mandioca surgen declaraciones sobre un tema muy controvertido para algunos, absurdo para otros, aburrido para muchos. Tal vez porque mi presencia de visitante ocasional afectaba a lo que los japoneses llaman el “wa” del grupo, o sea la supuesta armonía que le da una constante homogeneidad al grupo, la conversación se había extravíado por territorios del pensar un poco inesperados en el contexto de un asadito con mandioca. O sea, dado que es difícil ignorar la presencia de un sapo de otro pozo habrán empezado los comensales a hablar sobre temas que pensaban están relacionados con mi trabajo. Aclaremos para no marearnos ya de entrada con mi redacción barroca karape.
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“Nunca han habido campeones olímpicos negros en natación porque el cuerpo de los negros no les permite nadar bien. Sus huesos son pesados, la cantidad de grasa del cuerpo no es óptima, sus tendones no les ayudan” decía convencido alguien. Hasta ese momento no pensaba intervenir en respuesta a las muchas declaraciones pseudocientíficas que se hicieron escuchar de pronto en el asadito. Pero semejante adefesio no podía ser ignorado. Afortunadamente aún no habíamos empezado a comer, o sino hubiera tenido que hacer por lo menos algún orificio con la lengua en la masa de asado y mandioca en mis fauces de jaguarete paraguayo para repudiar esta terrible falacia.
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Por un lado me venía a la mente nequemittatis margaritas vestras ante asaditos con mandioca, pero por otro sentía que la fría sombra de lo que antes se llamaba “biología racial” y en algunos casos “higiene racial” se ceñía sobre nosotros y debíamos combatirla, aunque el inminente excesivo consumo de asadito y mandioca nos estaba por perturbar muy placenteramente el raciocinio.
Uno de los mayores exponentes de este proyecto pseudo científico en Alemania, el país donde actualmente vivo, era el Prof. Dr. Otmar Freiherr von Verschuer, autor del libro “La Biología Racial de Los Judíos”. Freiherr von Verschuer significa Barón de Verschuer. Así que se podía categorizarlo con el término técnico de “fifí”. Usemos ese término en vez de “culito empolvado” para elevarnos por lo menos unos centímetros sobre la vulgaridad nuestra de cada día. Verschuer fue por mucho tiempo director del Instituto “Emperador Guillermo” de Antropología, Herencia Humana y Eugenesia. El caso de Verschuer así como es fascinante por lo ignoto, es desconcertante y muy triste cuando vemos que una maldad tan densa no recibió destino adverso alguno.Verschuer, un hábil oportunista, recibió como castigo por su apoyo a los nazis solamente una multa, consiguió “blanquear” su caso y llegó a convertirse en profesor de genética humana en una universidad alemana. De Verschuer lo más conocido ha llegado a ser el nombre de alguien que le consideraba su mentor, que recibió su apoyo hasta el último momento, que alguna vez trabajó diligentemente en sulaboratorio y luego como médico militar trabajó con abnegación y absoluta falta de ética y moral paraverificar con métodos genocidas las teorías de Verschuer: Josef Mengele, alias el ángel de la muerte de Auschwitz.
Aclaremos que el ámbito intelectual paraguayo también produjo notorios contemporáneos de Verschuer que pregonaban en sus escritos ideas de superioridad racial. Debemos aclarar que en el caso paraguayo no podemos encontrar a ninguno del calibre técnico de Verschluer,o con una asocación pública con un proyecto genocida como fue el caso de Verschluer pero si muchos escritores proponentes de ideas racistas. Escritores que hasta el día de hoy son objeto de reverencia ciega y son considerados grandes pensadores. Por ejemplo, el por muchos celebrado autor de la infame obra "El Alma de la Raza", Manuel Domínguez, escribió: "He dicho que el paraguayo era superior al enemigo y necesito probarlo, pero probarlo muy bien: no tiene otro objeto este trabajo... El paraguayo superior al porteño, superior al criollo, es también superior al español de Europa". Sobre el mestizo paraguayo escribió "que no era el de otras partes. Aquel mestizo en la cruza se fue haciendo blanco, a su manera, (...) blanco sui-generis en quien hay mucho español, bastante indígena y algo que no se encuentra o no se ve ni en el uno ni el otro". Domínguez postula "en el Paraguay, antes de la guerra, había más blancos que en cualquier país latinoamericano" y agrega "quién sabe si la raza paraguaya no estaba o no está llamada a alcanzar las cumbres a las que sólo llegan las razas muy superiores". Por si no quedó claro, Domínguez declara que los paraguayos pertenecen a una raza "casi enteramente blanca, la Raza de la Aurora, eje de la historia, que dice Gobineau". Es ciertoque los vergonzosos prejuicios raciales de Domínguez deben entenderse en el contexto de la epoca que le toco vivir, pero creo que estos ejemplos bastan para darnos cuenta que estas ideas particulares de Manuel Domínguez pertenecen claramente al basurero de la historiay en su esencia no se distinguen mucho de las que impulsaban a Verschuer. Y aquellos que elogian las ideales raciales de Domínguez hoy en día, a esos debemos invitar a recapacitar sobre sus implicaciones. Por lo tanto es inexplicable que "El Alma de la Raza" hay sido relanzada nada menos que en elCentro Cultural de la Ciudad de Asunción el 3 de abril de 2009 y que no haya habido ninguna protesta por el uso de un espacio público para promover el delirio racista de Don Manuel Domínguez. Domínguez habrá tenido sus méritos en otros ámbitos, pero creo que es hora que nos pongamos los pantalones intelectuales largos a la hora de evaluar su producción literaria.
En 1910, Manuel Domínguez se enfrascó en una especie de prolongado duelo períodístico con Rafael Barret en donde un artículo de un lado provocaba la réplica del otro. Como clara consecuencia de su mentalidad racista, Domínguez argumentaba que el paraguayo por virtud de poseer es eje-ne-sais-quoiracial que el le atribuía,era capaz de soportar la terrible explotación en los grandes yerbales de aquella epoca. Según Domínguez el paraguayo se caracteriza por tener como "regla de conducta" el "sufrir callado" con un "estoicismo puro". A lo que agregaba “sólo el paraguayo puede con el pesado trabajo de los yerbales y del obraje. ¿Dónde recluta peones la Compañía Matte Larangeira? En el Paraguay. Aquello revienta a cualquiera que no sea paraguayo”. Sabemos por supuesto que la realidad era otra. Por supuesto que lejos de poseer una fortaleza sobrehumana los obreros de los yerbales, sumidos en una virtual esclavitud, sucumbían física y psicológicamente, lenta e inexorablemente ante el peso irresistible de la privación y el abuso. Según el historiador Ignacio Telesca "sin lugar a dudas, estas expresiones no son gratuitas ni ingenuas. Desde que grandes empresas, como la Industrial Paraguaya, BartheHnos, Matte Larangeira, entre otras, se hicieran con la totalidad de los yerbales que antes estaban en manos del estado, se dio en el Paraguay una explotación sin igual de la mano de obra campesina e indígena”. Con más argumentos que hoy nos dan vergüenza, Domínguez acusaba a Barret de no poseer la capacidad de comprender los misterios de la paraguayidad por ser español. En realidad, era el español Barret, el que demostraba ser paraguayo de corazón, al denunciar que 15.000 paraguayos eran “esclavizados, saqueados, torturados y asesinados en los yerbales del Paraguay, Argentina y Brasil”, al declarar que “cada paraguayo libre dentro de una hoja de papel constitucional, es hoy un miserable prisionero de un palmo de tierra”. Barret denunciaba el “patriotismo” de los pregoneros del “alma de la raza” con el simple desafío: “id a vuestras casas, oh doctores, y allí encontraréis alguna sierva que os lava platos y lame vuestras sobras. Preguntadle cómo se alimenta ‘el pueblo soberano’ y cómo vive. Preguntadle por la salud de sus hijos, y si sus hijos pueden contestar, preguntadles quién fue su padre”. Es sin duda misterioso como un hiperpatriotismo con hasta claros tintes de supremacía racial no se asociaba con el asegurar una vida digna para la mayoría de la población. Tal vez la pigmentación cutánea de las masas no era del tono preferido por esta gente embrujada por el miedo y el odio, que nos hereda largas y al parecer casi indestructibles sombras ponzoñosas.
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Alex López-Rolón ( @xealleax ) es un psicólogo paraguayo formado en Japón (en japonés) en la Universidad de Chiba y especializado en neuropsicología cognitiva clínica y experimental en diferentes universidades, centros de investigación y hospitales europeos. Trabaja actualmente en Alemania como investigador del Departamento de Neurología del Hospital de Clínicas de la Universidad de Múnich.