¿Es cierto que la firma o la foto de la cara de alguien revela su personalidad?

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Últimamente aparecen personas que son presentadas como expertos científicos por periodistas de importantes medios de comunicación. Estas personas dicen poder analizar la personalidad de hasta gente que no conocen con solo ver su firma u observar una foto de su rostro ¿Es esto posible?

Por Alex López-Rolón

El que tenga presente que el programa de la carrera de periodismo en una de las universidades públicas de referencia incluye en el primer año al estudio de la lógica y la metodología de la investigación, podría concluir que los periodistas han pasado las aseveraciones de estas personas por lo menos por estos filtros. Aunque también se podría sospechar que el abordaje dado a estas materias en la carrera de periodismo es inadecuado e insuficiente y como consecuencia el periodista enfrentado a personas que dicen ser expertos científicos con sensacionales competencias no está preparado para ponerlos bajo la lupa. Así que no les culpemos demasiado por dar notoriedad a tales individuos pero al mismo tiempo entendamos que se debemos ser siempre escépticos y exigir pruebas.

 Esto significa que usted mismo debe analizar este tipo de noticias usando algún tipo de criterio que le permita discriminar la ciencia de la pseudociencia. Esa tarea empieza haciéndose preguntas. ¿Es esto posible? ¿En qué tipo de evidencia se basa esto?

 El responder a estas preguntas se complica un poco cuando nos damos cuenta que los científicos, las personas que buscan tales evidencias, hablan o escriben generalmente en un lenguaje, una jerga, que es difícil de entender.

 La relación de la ciencia con gente que afirma tales cosas es antigua, tiene historia propia. Una historia que ha dejado huellas, algunos con más vena dramática dirían “cicatrices”. Uno de estos antecedentes históricos es “la frenología”. No, no tiene nada que ver con los frenos de una rueda.

 Ningún científico serio quiere recibir el mote de “frenólogo”. Recuerdo haber asistido a una conferencia científica en la que uno de los disertantes decía que cierta nueva técnica estaba siendo tan erróneamente empleada que estaba por constituirse en una “nueva frenología”. Creo que el revuelo que se armó es comparable al de un hato de gallinas cluecas, y con mucha razón.

 La frenología se basaba en las ideas del austríaco Franz Joseph Gall (1758-1828) y simplemente explicada consistía en creer que midiendo la forma y protuberancias del cráneo uno podía entender la mente humana. Los frenólogos creían al principio que el cerebro tenía un sin número de áreas que albergaban todo tipo de funciones y capacidades mentales innatas, como por ejemplo la habilidad de pintar o la capacidad de ser cuidadoso. Y que estas habilidades se podían medir al medir diferentes partes del cráneo. Luego, como suele suceder, Johann Spurzheim, un importante colega de Gall, rechaza la idea de Gall sobre capacidades y habilidades innatas y las substituye con rasgos de personalidad más generales. Es Spurzheim el que eventualmente acuña el término, “frenología”.

 Estas ideas influyeron tanto en la mentalidad de la época que, por ejemplo, en francés aún hoy en día cuando alguien no es bueno en matemáticas dice que no tiene la protuberancia en el cráneo para esa competencia.

 

La frenología era considerada como válida a tal punto que las mediciones del cráneo eran usadas para la selección de personas, y para poder saber supuestamente quien era la persona realmente.

 Hoy sabemos que el cerebro no funciona de la manera que los frenólogos pensaban. Los frenólogos tenían razón al decir que el cerebro es la base de las actividades mentales, no algún fenómeno sobrenatural, pero sus ideas de localización no eran correctas. Los procesos mentales están distribuidos en redes que operan e interactúan en un alto grado de complejidad. Si bien ciertas áreas son cruciales para ciertas funciones estas no son de ninguna manera la sede exclusiva de cierta función de la manera pensada por los frenólogos.

 Hoy en día se usan sofisticadas técnicas de imágenes para poder encontrar el lugar de actividad cerebral crucial para hacer ciertas tareas que implican la participación de ciertas funciones. Seguramente habrá visto artículos en la prensa popular con gráficos en donde hay áreas que aparecen brillando más que otras. A propósito, no es que esas áreas “brillen” más que otras. Estos gráficos son solo una forma de ilustrar la actividad cerebral que pasa cierto umbral estadístico predeterminado.  No se preocupe si no entiende. Es algo muy complicado de entender. Este tipo de investigación es muy popular pero produce debates en el mundillo muy exclusivo de los científicos que tratan de entender cómo funciona el cerebro. Algunos de estos debates son álgidos, pero aun así son debates que el público en general no conoce y probablemente nunca conocerá.  Muchos de estos debates son influidos por este antiguo antecedente pseudocientífico conocido como frenología. Nadie quiere ser acusado de ser un nuevo frenólogo.

 Pero independientemente del funcionamiento real del cerebro, la frenología tenía graves errores de lógica que debemos recordar para protegernos de charlatanería similar. Geoffrey Dean, en un interesante artículo de la revista Skeptical Inquirer titulado “La Frenología y el Gran Delirio de la Experiencia (Phrenology and the Grand Delusion of Experience)” nos resume los principales errores de la lógica de la frenología: basaba sus teorías en anécdotas llamativas y solamente consideraba casos que confirmaban sus ideas, ignorando los casos que las contradecían. Así por ejemplo, creían algunos frenólogos que había un área en el cerebro para la capacidad de ser cuidadoso exactamente arriba de la oreja porque alguien conoció a una persona muy cuidadosa que tenía una protuberancia en el cráneo allí.

 No debe sorprender que en su afamado “Diccionario del Diablo” el humorista Ambrose Pierce defina a la frenología como “el arte de robar la billetera a través del cuero cabelludo”.

 ¿Se puede describir algo tan complejo como la personalidad midiendo el cráneo de la gente? No. ¿Se puede describir la personalidad evaluando la firma? No. ¿Se puede describir la personalidad evaluando una foto de la cara? No. Sobre eso no hay debate.

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Alex López-Rolón ( @xealleax ) es un psicólogo paraguayo formado en Japón (en japonés) en la Universidad de Chiba y especializado en neuropsicología cognitiva clínica y experimental en diferentes universidades, centros de investigación y hospitales europeos. Trabaja actualmente en Alemania como investigador del Departamento de Neurología del Hospital de Clínicas de la Universidad de Múnich.