Cura el cáncer y el sida

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"Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad" es una frase atribuida a Confucio. Aunque es loable y acertada, a veces hace falta hacer ambas cosas, porque muchas personas todavía creen en mitos de la Edad Antigua de nuestra civilización y con ello suponen que tienen el derecho a imponerse en cualquier sociedad.

Eduardo Quintana
 
Uno de los principios básicos de cualquier comunidad que se precie de democrática y republicana es la libertad, dentro de los límites (que en muchos casos es arbitrario) que ofrecen las legislaciones de cualquier punto de la Tierra. La capacidad de elegir creer en cuentos de hadas sistematizados o en verdades incómodas marca enormemente la diferencia entre una sociedad despierta y una dogmática.
 
Hace unos años, el blog Proyecto Sandía lanzó la propuesta de celebrar el Día Mundial del Escepticismo y contra el avance de las Pseudociencias. La fecha elegida para el efecto fue el 20 de diciembre, día en que se recuerda la muerte de Carl Sagan, astrónomo y divulgador científico, que hizo posible que decenas de misterios se desvanecieran bajo la lupa de la ciencia y el escepticismo. 
 
En algunos países se sigue celebrando tanto el legado de Sagan (que dejó varios libros de popularización científica y de escepticismo) como de miles de personas que han contribuido enormemente a levantar dudas sobre lo sagrado, lo único y verdadero. Sin dudas, estamos en uno de los mejores momentos de la humanidad (esta frase se repite cada siglo, pero no deja de tener sentido) debido al avance de la ciencia y la tecnología y la capacidad que tenemos que comprender cada vez con mayor precisión, las leyes de la naturaleza.
 
Estamos en un periodo donde el Universo se muestra desnudo y depende de cómo lo veamos para tratar y vivir en él. Empero, no podemos celebrar totalmente. Aunque parezca ridículo y hasta contradictorio, el pensamiento mágico continúa dominando la esfera globalizada, ya sea con instituciones tradicionalmente dogmáticas (como las religiones) o grupos posmodernos que ningunean la racionalidad (como las organizaciones de la nueva era y las pseudocientíficas, en general).
 
Se encuentra en nuestro país el astrólogo, parapsicólogo y brujo Ze Yandyr. Como todo chanta, el personaje ofrece sus servicios a través de los diarios, asegurando que puede: amarrar pareja, curar de enfermedades desconocidas, liberar de la macumba y del payé, "florecer negocios, casas y terrenos". Además, por consulta, te regalan un "perfume del amor".
 
El hecho es que por el Día del Escepticismo decidí averiguar de qué trataba su propuesta. En una breve conversación de 10 minutos pude notar que no solo estaba orgulloso de curar todas las enfermedades y reconciliar a parejas perdidas, sino que se jactaba de ser descendiente de Ze Pilintra (una entidad mística umbandista).
 
En resumen, esto fue lo que me dijo: Cobra 60 mil guaraníes por consulta (la llamada, gracias a Monesvol, era gratuita). Atiende todos los días, de 9 a 20:30 horas. Y se dedica a todos los trabajos de brujería que uno pueda imaginar. Dijo que puede retornar las parejas peleadas o recomponer los matrimonios rotos. Esto tiene un precio de 150 dólares americanos por sesión. A veces, una sesión puede durar diez díaz o veinte. Dependiendo de si el novio consiguió otra mujer o peor aún, si tiene algún payé.
 
Lo más simpático y peligroso es que Ze Yandyr me dijo que puede curar el sida y el cáncer, además de todas las enfermedades desconocidas. Cuando le pregunté qué eran las enfermedades desconocidas me dijo que son males espirituales que los médicos no pueden detectar. Y lo que es peor, me aseguró que a veces una persona con cáncer no tiene cáncer, sino alguna dolencia del aura, pero que los doctores en medicina y especialistas inventan los cánceres porque quieren ganar dinero. 
 
Cuando le pedí alguna prueba de todo lo que estaba diciendo, simplemente me dijo que no hacía falta, porque estaba hablando con el mismo Ze Yandyr. 
 
Tal vez no sea la gran cosa, quizás el brujito Yandyr estafe a unas pocas personas crédulas de Paraguay. Y están en todo su derecho de ser estafadas si creen en el pensamiento mágico. Pero es bueno alertar del peligro que representa este tipo de gente, de la irresponsabilidad enorme al afirmar que cura todo tipo de enfermedades. 
 
Es muy difícil aceptar que se perdió una novia o novio o que a pesar de los avances tecnocientíficos, no hay cura total del sida o del cáncer. Pero, aunque sea doloroso, esa es la verdad. Es el precio de pensar libremente, de cargar sobre los hombres varios siglos de pensamiento crítico y de sostener el Universo caótico, pero entendible en el que vivimos. 

¡Feliz Día del Escepticismo! ¿O no?