En el paraíso de los loros

San Joaquín. Resolvió el Gobernador regresar y Félix de Azara, con la idea de tomar la latitud de la Capilla de Carimbatay, se adelantó a los demás y se puso en marcha en la mañana del 1 de agosto hasta dicho lugar.

De Ygatimi era el Tu'î portugués de Azara (Aratinga leucophthalma), Mapa de la plaza de los Placeres de Ygatimi tomada por capitulaciones por D. Agustin Fernando de Pinedo, con solo las Milicias del Paraguay [sic], Archivo General Militar de Madrid (PRY-1/1)
De Ygatimi era el Tu'î portugués de Azara (Aratinga leucophthalma), Mapa de la plaza de los Placeres de Ygatimi tomada por capitulaciones por D. Agustin Fernando de Pinedo, con solo las Milicias del Paraguay [sic], Archivo General Militar de Madrid (PRY-1/1)

Azara efectuó sus mediciones y, en la mañana del 2, para encontrarse con Melo y los de su comitiva en el camino, cruzó el riachuelo Carimbatay a dos millas de la Capilla del mismo nombre y, a otras dos, un arroyo que entra en el bosque Mboicha, donde esperó a sus compañeros, que llegaron al rato, y juntos siguieron por el camino de la ida.

En la tarde del 3 ya estaban en San Joaquín.

Los más extraños

En este pueblo fue donde Azara obtuvo y vio la mayor cantidad de psitácidos.

Solo en San Joaquín tomó contacto con un “arisco y regañón” Chiripepe (Pyrrhura frontalis), conocido también como Arivaya o Tuycare, y con un raro Tu’î portugués (Aratinga leucophthalma), cuyo dueño lo había adquirido de un portugués del destruido pueblo de Ygatimí; de ahí el nombre con el que lo bautizó.

Al Tu’î portugués lo tuvo Azara más de un mes en su cuarto, hasta que murió “víctima del amor no sartisfecho” por parte de una Viudita o Mbembéi (Forpus xanthopterygius).

También en San Joaquín Azara descubrió a su Lorito pyta (un Parakáu keréu, Amazona vinacea), que le pareció el más bonito de la familia, y a un Maracanay (Tu’î chyryry, Brotogeris chiriri).

A este último se lo presentaron, algo estropeado, a la hora de partir, por lo que solo tomó unas notas rápidas sobre él. El indio que lo poseía no supo decirle si era macho u hembra.

Luego, en San Estanislao, consiguió un ejemplar entero y con la cola muy larga. Esto fue también al partir y, para poder describirlo sin prisa, le encargó su traslado a un peón quien, cuando llegaron a comer, le dijo que en el camino se le había perdido, cosa que sintió mucho porque no era un ave común.

Más psitácidos

En los bosques inmediatos al pueblo de San Joaquín, así como en los de San Estanislao y Curuguaty, encontró Azara un Araraca o Gua’a hovy (un Kaninde, Ara ararauna) que los indios de San Joaquín llamaban Canindé.

Por este motivo lo colocamos aquí, porque el individuo que Azara describió fue el que don Juan Valeriano Zevallos tenía, no del todo domesticado, en su casa de Asunción. El carácter esquivo y alborotado de ese Kaninde le impidió hacer una mejor descripción de él.

El Caayrary (una pareja de Tu’î guembe, Pionopsitta pileata) fue otro de los psitácidos que Azara solo halló en San Joaquín.

Dura conclusión

De dicho pueblo son también su Ypecu (Ypekû mbatara, Picoides mixtus), su Halconcito 1 (Taguato’i ka’aguy, Accipiter erythronemius) y un Mytû (Crax fasciolata).

Al hablar Azara del Mytû consignó esta terrible verdad:

“Aunque esta ave se halla en casi toda la provincia sin embargo es sin comparación más abundante hacia el Norte de ella, lo que en parte a lo menos debe atribuirse a la menor población de hombres, los cuales por momentos van destruyendo cuanto Dios puso a tiro de sus manos: bien pueden los naturalistas darse prisa en hacer la historia natural de esta ave, la de los Yacús, Sarías y otras, porque sin duda acabarán los hombres estas especies el mismo día que posean y pueblen bien estas tierras. Todas las aves buenas al gusto, torpes al vuelo, y fáciles de cazar, como son éstas, serán aniquiladas sin arbitrio. Lo mismo digo de los venados, avestruces, y toda la casta de Tatús”.

Permanecieron en San Joaquín hasta el 7 de agosto de 1786 (continuará).

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