Sonreír, fruncir el ceño o mostrar los dientes en señal de amenaza parecen gestos espontáneos, casi automáticos. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Science revela que esas expresiones faciales son el resultado de una sofisticada coordinación cerebral, lejos de ser simples descargas emocionales.
La investigación muestra que el cerebro utiliza una red cortical distribuida organizada no tanto por zonas anatómicas, sino por tiempos de procesamiento, informa El País, de España.
Algunas regiones gestionan información rápida y dinámica para controlar el movimiento instante a instante, mientras otras mantienen representaciones más estables que podrían reflejar el contexto social en el que se produce el gesto.
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Un experimento con macacos que rompe un modelo clásico
El trabajo, liderado por Geena Ianni, de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos), registró la actividad de cientos de neuronas en cuatro regiones cerebrales de dos macacos. Durante el experimento, los animales producían de forma espontánea tres tipos de gestos:
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- Lipsmack (chasquido de labio, similar a una sonrisa)
- Amenaza
- Masticación
Los resultados cuestionan de forma directa la idea clásica de una división estricta entre circuitos cerebrales:
- Un circuito lateral, responsable de movimientos voluntarios.
- Un circuito medial, que cruza la línea media del cerebro, asociado a expresiones emocionales.
“Lo que hemos encontrado es que todas las regiones corticales motoras faciales están involucradas en todos los tipos de gestos”, explica Ianni.
Es decir, las mismas zonas que antes se consideraban separadas para distintos tipos de expresión contienen neuronas que responden tanto a gestos socioemocionales como a movimientos voluntarios.
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Cómo se registró la sinfonía neuronal
Para desentrañar cómo cooperan estas regiones, el equipo combinó técnicas de resonancia magnética con implantes de microelectrodos. La clave metodológica fue registrar de forma simultánea la actividad cerebral en las cuatro áreas mientras los animales se exponían a diversos estímulos sociales que provocaban gestos naturales sin entrenamiento previo:
- Vídeos de congéneres
- Avatares interactivos
- Encuentros cara a cara
Este enfoque permitió observar en tiempo real cómo el cerebro organiza la producción de los distintos gestos faciales en condiciones sociales ricas y espontáneas.
Una jerarquía temporal en lugar de una jerarquía espacial
El hallazgo más sorprendente del estudio es que las regiones cerebrales implicadas en las expresiones faciales no se organizan siguiendo una jerarquía espacial clásica —de áreas “inferiores” a “superiores”—, sino en función del tiempo.
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En esta red distribuida:
- Unas zonas procesan información rápida y cambiante para ajustar el movimiento momento a momento.
- Otras mantienen representaciones más estables, que podrían vincularse al contexto social en el que ocurre la expresión.
De este modo, la producción de un gesto facial emerge de la interacción entre componentes rápidos y lentos, dinámicos y estables, dentro de una misma red cortical.
Las expresiones no son reflejos: hay preparación e intención
Los resultados también desafían la idea de que las expresiones faciales sean simples reflejos emocionales.
La actividad neuronal diferenciaba los distintos tipos de gesto mucho antes de que comenzara el movimiento, hasta un segundo antes, lo que indica que existe un proceso de preparación e intencionalidad.
Además:
- Las trayectorias neuronales asociadas a cada gesto no se solapaban, ni siquiera durante los periodos en que el rostro permanecía en reposo.
- Esto sugiere que el cerebro ya está configurando el gesto específico que se producirá a continuación, incluso antes de que sea visible externamente.
En otras palabras, cuando sonreímos o amenazamos, el cerebro ejecuta una compleja “sinfonía neuronal” en la que diferentes secciones de la orquesta trabajan coordinadamente para producir el gesto adecuado en el momento social preciso.
Implicaciones para la evolución y el significado de las expresiones
En un comentario en la misma revista, Bridget Waller y Jamie Whitehouse, del Departamento de Psicología de la Universidad de Nottingham (Reino Unido), destacan el alcance del hallazgo: “Los hallazgos de Ianni y sus colegas tienen implicaciones notables para entender la evolución y función de las expresiones faciales”.
Los comentaristas recuerdan la visión clásica según la cual:
- Las expresiones faciales son señales de un estado emocional interno.
- Compartir emociones sentidas habría sido evolutivamente adaptativo, porque facilita las interacciones sociales con otros.
Reconocen que esto “puede ser cierto hasta cierto punto”, pero añaden que, si las expresiones se planifican, entonces queda en duda hasta qué punto representan siempre lecturas “honestas y precisas” del estado interno.
Es decir, la planificación neuronal abre la puerta a que una expresión pueda no reflejar de manera directa lo que se siente.
Alcance del estudio y posibles aplicaciones clínicas
Desde fuera del trabajo, Ignacio Morgado, catedrático emérito de Psicobiología en el Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona, valora la principal aportación del estudio: “La novedad principal radica en que las regiones de la corteza frontal del cerebro que controlan los músculos de las expresiones faciales voluntarias y las que controlan las expresiones faciales emocionales codifican ambos tipos de expresión”.
Al mismo tiempo, introduce una nota de cautela sobre el alcance de las conclusiones: “La investigación tiene más interés neurológico que psicológico, pues no hay novedad en cuanto al papel social de las expresiones faciales”.
Según sus autores, el trabajo podría tener implicaciones clínicas. Comprender cómo el cerebro genera nuestras expresiones podría aplicarse al diseño de interfaces cerebro-computadora, con el objetivo de restaurar estas funciones en pacientes con lesiones cerebrales.
Fuente: El País.
