El análisis químico de los baños de Pompeya permite reconstruir su suministro de agua

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Redacción Ciencia, 12 ene (EFE).- El estudio de las huellas geoquímicas en las ruinas de Pompeya ha permitido reconstruir cómo era el suministro de agua para el baño en esta sofisticada ciudad romana, que quedó enterrada bajo metros de cenizas tras la erupción del Vesubio en el año 79 después de Cristo (d.C).

Un estudio internacional de investigadores de Austria, Alemania y Reino Unido, recogido este lunes en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, describe el origen y el uso que se hacía del agua en Pompeya.

Para ello, los científicos han analizado los depósitos de carbonato de los baños y el acueducto hallados en los restos arqueológicos de aquella la ciudad, situada en lo que hoy es la región de Campania, en el sur de Italia.

Han estudiado, entre otros, la composición de isótopos estables y oligoelementos de las incrustaciones de carbonato en el acueducto romano, sus torres de agua, los pozos y las piscinas de los baños públicos.

Sus averiguaciones apuntan a que los habitantes de Pompeya se abastecieron, inicialmente, de pozos profundos, que se llenaban de aguas subterráneas altamente mineralizadas de los depósitos volcánicos.

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Los científicos creen que hicieron falta máquinas de elevación de agua accionadas por aquellas personas para extraer el agua de esos pozos, que debieron de tener una profundidad de hasta 40 metros para alcanzar las reservas subterráneas.

Los depósitos en las piscinas climatizadas de los baños, que fueron abandonados alrededor del 30 o 20 a. C., mostraban claras pruebas de contaminación por la actividad humana, lo que "indicaría que el agua no se reponía regularmente", señalan los investigadores.

La construcción de un acueducto durante el reinado de César Augusto, también conocido como Época Augustea (27 a.C. - 14 d.C.), llevó a Pompeya una serie de modificaciones y mejoras tecnológicas en el suministro de agua, que derivaron en la transición del bombeo de agua al flujo por gravedad.

Un acueducto levantado en el siglo I d. C. permitió la expansión de las instalaciones de baño y mejoró la higiene, según han revelado los análisis. El agua que lo alimentaba venía de manantiales kársticos.

Los baños públicos de Pompeya eran un lugar clave en la sociedad y la cultura romana.