Cuándo se celebra y por qué existe el Día Internacional del Mago
El Día Internacional del Mago se celebra cada 31 de enero. La fecha rinde homenaje al fallecimiento de San Juan Bosco (1815-1888), sacerdote italiano que utilizaba juegos de manos y pequeñas ilusiones para acercarse a niños y jóvenes.
Con el tiempo, el gremio lo adoptó como patrono de los magos e ilusionistas, y su aniversario se consolidó como jornada de celebración mundial.

Hoy, el 31 de enero funciona como un recordatorio de la tradición de la magia escénica, pero también como puerta de entrada a un tema de fondo: la relación entre ilusión, percepción y tecnología en una época en la que los límites entre truco, efecto digital y realidad se vuelven cada vez más difusos.
Lea más: Día Mundial del Puzzle: un viaje de curiosidad y lógica para todos los generaciones
La magia como experimento de psicología en directo
Detrás de una baraja que desaparece o una moneda que atraviesa una mesa no solo hay destreza manual. Hay, sobre todo, conocimiento intuitivo del cerebro humano.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Los magos llevan siglos explotando principios que hoy estudia la psicología cognitiva: atención selectiva, memoria limitada, expectativas y sesgos perceptivos.

La llamada misdirection —desviar la atención— no es únicamente un gesto teatral; es ingeniería de la mirada. Mientras el público sigue el movimiento más llamativo, el truco ocurre en el campo visual al que el cerebro ya no presta recursos.
Fenómenos como la ceguera al cambio o la sobrecarga de información permiten que acciones cruciales pasen desapercibidas a plena vista.
La magia también explota el hecho de que el cerebro no registra cada detalle, sino que predice lo que va a ocurrir según patrones aprendidos.
Lea más: Día Mundial de la Lógica: cómo pensar mejor en la era de la desinformación
Un pase de manos que imita fielmente el gesto de dejar caer una carta basta para que el observador “vea” algo que no sucedió. El truco no se consuma en los dedos del mago, sino en el modelo interno de realidad que construye el espectador.
Por eso muchos neurocientíficos han empezado a considerar a los magos como aliados. Estudios de laboratorio utilizan técnicas inspiradas en shows de ilusionismo para entender mejor cómo distribuimos la atención, qué tipo de estímulos recordamos y cómo se forman las falsas memorias.
Trucos cognitivos: cuando el cerebro completa la ilusión
Los magos conocen, aunque sea de forma empírica, que la percepción no es un espejo, sino una reconstrucción incompleta y a menudo sesgada. Entre los mecanismos más utilizados se encuentran:
La gestalt —la tendencia a percibir formas completas aunque falte información— permite sugerir cuerdas cortadas que parecen recomponerse o cuerpos que “flotan” porque el cerebro rellena huecos.

Los sesgos de confirmación hacen que el público vea lo que espera ver: si se le ha guiado a creer que una elección fue libre, buscará señales que confirmen esa sensación de control, ignorando las pistas de manipulación psicológica.
La memoria a corto plazo, que solo retiene unos pocos elementos a la vez, facilita secuencias en las que el orden de los acontecimientos se distorsiona en el recuerdo, haciendo imposible reconstruir el truco incluso minutos después.
Comprender estos procesos ayuda a explicar por qué, incluso cuando sabemos que estamos siendo engañados, la ilusión sigue resultando convincente.
Lea más: Día Mundial del Escepticismo: por qué dudar mueve a la ciencia
El Día Internacional del Mago pone en primer plano esta paradoja: aceptamos ser engañados para entender mejor cómo vemos el mundo.
Un día para celebrar el asombro… y la duda saludable
El Día Internacional del Mago no es solo una fecha para llenar teatros o viralizar trucos en pantalla. Es una ocasión para reivindicar el valor cultural del asombro y, al mismo tiempo, la importancia de la duda informada.
La magia nos recuerda que nuestra percepción tiene límites y que podemos disfrutar del engaño cuando este es transparente en su propósito: entretener, provocar curiosidad, estimular preguntas sobre cómo funciona el mundo —y cómo funciona nuestra mente.
En una era de realidades aumentadas, algoritmos generativos e imágenes sintéticas, la figura del mago —sea sobre un escenario físico o en una interfaz digital— sigue ocupando un lugar singular: el de quien revela, mediante la ilusión, hasta qué punto ver no siempre significa comprender.
