Casi seis décadas después de que la sonda soviética Luna 9 lograra un hito histórico en la exploración espacial, dos equipos independientes sostienen que podrían haber identificado su ubicación en la Luna. Sin embargo, hay un problema clave: sus conclusiones apuntan a lugares distintos, por lo que la localización exacta del módulo sigue sin resolverse, informó la Deutsche Welle.
Un alunizaje histórico en plena Guerra Fría
El 3 de febrero de 1966, en el contexto del pulso de la Guerra Fría, una pequeña esfera soviética del tamaño de una pelota de playa descendió hasta la superficie lunar.
Tras varios impactos contra el suelo, la cápsula se estabilizó al desplegar cuatro estructuras en forma de pétalo y comenzó a fotografiar el terreno.
Se trataba de Luna 9, el primer artefacto humano que consiguió un aterrizaje suave sobre otro cuerpo celeste.
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Las imágenes que transmitió —las primeras tomadas desde la superficie de la Luna— mostraban un paisaje rocoso y áspero, en blanco y negro, con contrastes duros.
Además, disiparon un temor entonces extendido: que el suelo lunar fuera una especie de “arena movediza insegura” en la que cualquier nave se hundiría sin remedio.
Una ubicación aún incierta desde 1966
La misión tuvo una duración limitada. Tres días después del alunizaje, las baterías de Luna 9 se agotaron.
Desde entonces, su ubicación exacta permanece incierta, pese al valor histórico de aquel primer contacto fotográfico directo con el terreno lunar.
Hoy, casi sesenta años más tarde, la búsqueda se ha reactivado con herramientas modernas. Dos grupos afirman haber hallado indicios de la sonda, aunque no coinciden en el punto donde estaría.
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La propuesta de Vitaly Egorov: búsqueda colaborativa y comparación de horizontes
Uno de los posibles emplazamientos ha sido propuesto por Vitaly Egorov, divulgador científico ruso que lleva casi ocho años revisando imágenes para intentar localizar a Luna 9.
Su enfoque se basó en el crowdsourcing: pidió a los lectores de su blog que examinaran una franja de unos 100 kilómetros de ancho en imágenes del Lunar Reconnaissance Orbiter Camera (LROC) de la NASA, revisándolas píxel a píxel en busca de señales del módulo.
Según su relato, el avance decisivo llegó al comparar el horizonte borroso visible en las fotografías enviadas por Luna 9 en 1966 con recreaciones virtuales disponibles en la herramienta LROC QuickMap.
En declaraciones a The New York Times, Egorov describió el momento en que creyó reconocer el entorno: “Un día, el paisaje me resultó familiar. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que era el mismo lugar que había visto la Luna 9”.
Egorov afirma estar “bastante seguro” de la coincidencia, aunque reconoce un margen de error de varios metros.
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Como referencia histórica, un modelo de la sonda Luna 9 fue exhibido en el Pabellón Cosmos de Moscú en 1967, un año después del alunizaje.
El límite técnico: ver no siempre es confirmar
La identificación visual sigue siendo compleja por una razón fundamental: el objeto buscado es muy pequeño.
Aunque la cámara del LROC puede alcanzar resoluciones de hasta 0,25 metros por píxel, confirmar con certeza la presencia de un módulo de ese tamaño resulta extremadamente difícil.
El propio Mark Robinson, investigador principal de la cámara, resumió la dificultad señalando que una persona puede observar una imagen y pensar que ha encontrado algo, pero sin poder afirmarlo con seguridad: “Puedes mirar fijamente una imagen y tal vez sea eso, pero no puedes estar seguro”.
Inteligencia artificial en la búsqueda: la vía de University College London
La segunda propuesta procede de un equipo de University College London. De acuerdo con el material disponible, los investigadores publicaron un estudio el 21 de enero en npj Space Exploration y plantearon una ubicación alternativa.
El enfoque, según se indica, incluye el uso de inteligencia artificial (“entrenaron…”), aunque en el contenido proporcionado no se detallan los pasos concretos del entrenamiento ni el método específico utilizado.
Una búsqueda abierta, con dos señales y una sola respuesta pendiente
El caso de Luna 9 ilustra tanto el valor histórico de las primeras misiones lunares como las dificultades actuales para reconstruir con precisión su huella física en el terreno.
Con dos equipos defendiendo dos ubicaciones distintas y con limitaciones técnicas que dificultan la confirmación definitiva, la pregunta sobre dónde terminó exactamente la primera nave en alunizar suavemente sigue, por ahora, abierta.
Fuente: Deutsche Welle
