La guerra en Ucrania altera de forma inmediata el comportamiento de la fauna en Chernóbil

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Madrid, 18 jun (EFE).- El comportamiento de la fauna silvestre de un lugar se altera de forma inmediata, aunque no homogénea, debido a las actividades bélicas, según un estudio que analizó el cambio de esos patrones de actividad como respuesta a la guerra de Ucrania.

El estudio, que está liderado por la Universidad de Friburgo (Alemania) y con la participación de la Estación Biológica de Doñana (EBD) del español Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), destaca entre los cambios de comportamiento una reducción de la actividad nocturna de los animales.

La investigación se desarrolló en la zona de exclusión de Chernóbil, que abarca unos 260.000 hectáreas y fue evacuada (casi 80 asentamientos) tras el accidente de la central nuclear de 1986, precisa a EFE la investigadora de la EBD y una de las firmantes del artículo, Nuria Selva.

Durante todos estos años, en la zona se produjo una restauración pasiva del ecosistema, favoreciendo la reforestación natural y el regreso de especies como el lobo, el lince euroasiático y el oso pardo. Además, poblaciones de grandes herbívoros como el bisonte europeo y el caballo de Przewalski fueron reintroducidas.

Entre las especies observadas había, además de las citadas, ciervo rojo, corzo, alce, liebre europea, jabalí o tejón europeo.

Los investigadores vieron que todas las especies reaccionaban ante el conflicto, aunque no encontraron un patrón general de respuesta.

En un principio, el equipo supuso que, como respuesta, los animales se volverían más nocturnos y vigilantes, y evitarían los lugares con presencia humana constante.

Esa asunción era cierta para algunas especies estudiadas, pero "no encajaba con los comportamientos de algunas otras", señala Svitlana Kudrenko, de la Universidad de Friburgo y primera autora del estudio, citada en un comunicado del CSIC.

El jabalí y el perro mapache se alejaron de las zonas con infraestructura humana cuando las actividades bélicas aumentaban, mientras el zorro y el ciervo disminuyeron la vida nocturna durante la invasión en comparación con el mismo periodo del año anterior, enumera Selva.

Además, no todas las especies evitaban los asentamientos humanos: al tiempo que jabalíes y perros mapache parecían evitarlos, zorros y linces eran detectados de manera más frecuente cerca de estos sitios, lo que sugiere que los usaban como fuente de recursos.

Ese resultado del lince "es un poco inesperado, ya que se trata de una especie sensible a la presencia humana", destaca la investigadora española.

El estudio también señala que se redujeron los avistamientos de corzos durante los momentos de mayor intensidad militar y aumentaron los de liebres durante los periodos de anomalías térmicas, relacionados con incendios forestales, lo que refleja la alta sensibilidad de estas especies a los factores de estrés.

Los efectos observados podrían representar solo una parte de las consecuencias ecológicas de la guerra y una prolongación de la actividad militar podría generar cambios más profundos en el uso del hábitat, en el comportamiento de las especies, en la dinámica de las poblaciones a largo plazo y variaciones en la estructura de las comunidades.

El estudio se pudo realizar gracias a las cámaras trampa que habían sido instaladas en la zona de exclusión de Chernóbil en enero de 2021, cuando se inició un proyecto de seguimiento de la población de lince euroasiático.

Durante el periodo de ocupación rusa se registraron bombardeos, movimientos de vehículos militares, incendios y otras actividades asociadas al conflicto.

Meses después de acabada la ocupación de la zona, el equipo pudo recuperar los datos de 31 cámaras, gracias a la ayuda de las Fuerzas Armadas de Ucrania, indica el CSIC

La investigación pone de relieve el impacto sobre la biodiversidad de los conflictos armados, una dimensión aún poco estudiada, que pude provocar declives severos de poblaciones, alteraciones ecológicas y, en algunos casos, extinciones locales de especies.

En un contexto de creciente militarización y crisis ambientales globales, el equipo investigador reclama -agrega la nota- estrategias específicas para monitorizar, investigar y proteger los ecosistemas afectados por los conflictos bélicos.