Todos los grandes simios vivos, como bonobos, gorilas y orangutanes tienen la capacidad de reír, pero hasta ahora no se había analizado cómo podía haber cambiado la risa humana a lo largo de millones de años de evolución ni su posible relación con el lenguaje.
Un nuevo estudio encabezado por la Universidad de Warwick (Reino Unido) analizó grabaciones de risas de cuatro orangutanes, tres bonobos, cuatro chimpancés y cuatro seres humanos de entre seis meses y siete años de edad, para medir las secuencias individuales.
Todos fueron grabados en sus entornos naturales durante interacciones lúdicas y controladas con personas conocidas, quienes provocaban vocalizaciones, tanto durante el juego como al hacerles cosquillas.
En todas esas secuencias se encontró el mismo patrón: todas las especies producen la risa con intervalos rítmicos espaciados de manera uniforme entre los sonidos sucesivos.
Los investigadores proponen que esta estructura rítmica básica ya estaba presente en un antepasado común hace 15 millones de años y se ha conservado de forma notable, ya que todos los grandes simios vivos siguen mostrando el mismo patrón subyacente.
La risa se han convertido en una pista inesperada para intentar entender cómo los seres humanos desarrollaron la capacidad de hablar, según la investigadora Chiara de Gregorio, de la Universidad de Warwick.
La risa es común a todos los grandes simios vivos y, al compararla, "podemos observar que una estructura rítmica básica se ha mantenido inalterada desde nuestro último antepasado común. Eso es extraordinario", destacó.
Aunque el ritmo básico se mantuvo constante, la humana se ha vuelto más rápida, más variable y ha adquirido un sofisticado control dependiente del contexto.
De hecho, solo los seres humanos tienen la capacidad de controlar cuándo y cómo se ríen en función del contexto: una risa incontrolable cuando les hacen cosquillas difiere notablemente de una risa cortés en una reunión, una risa nerviosa tras cometer un error o la risa contagiosa que se propaga entre un grupo de amigos.
Así, el mismo ritmo subyacente queda moldeado por el control consciente para comunicar, a través de la risa, diferentes emociones e intenciones.
El artículo sugiere que a lo largo de la evolución de los grandes simios, nuestros antepasados desarrollaron gradualmente un mayor control sobre el momento en que emitían sus vocalizaciones, incluida la risa. Ese control vocal sofisticado es un pilar fundamental del habla.
La risa, al ser evolutivamente más antigua y haberse mantenido común a todos los grandes simios vivos, ofrece "una oportunidad evolutiva única" para comprender las transformaciones vocales que se produjeron a lo largo de la evolución de los homínidos hasta que aparecieron los primeros humanos, dijo el también firmante del texto, Adriano Lameria, a través de la Universidad de Warwick.
La idea clásica considera que los primeros humanos adquirieron de repente capacidades de control vocal notablemente diferentes a las de sus predecesores.
Sin embargo, de acuerdo con Lameria, la evolución de la risa indica que los seres humanos se sitúan "en un continuo, una prolongación de las capacidades de control vocal que ya se habían ido perfeccionando de forma acumulativa durante 15 millones de años".
