Los terremotos que sacudieron Venezuela en la madrugada del 25 de junio de 2026 se cuentan entre los más potentes registrados en la región en los últimos 100 años, de acuerdo con la evaluación de Torsten Dahm, investigador del Centro Helmholtz de Geociencias (GFZ) con sede en Potsdam. La advertencia central del especialista —recogida por Deutsche Welle— es clara: un episodio de esta magnitud suele traducirse en daños extensos, especialmente cuando el movimiento ocurre a poca profundidad.

El último reporte citado en habla de 164 personas fallecidas y casi mil heridos, aunque se irían elevando esas cifras en las próximas horas.
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Por qué tembló precisamente ahí: el choque de placas
Según Dahm, la explicación geológica se encuentra en una zona de falla donde interactúan varias placas tectónicas.
En esa franja del norte de Sudamérica, el empuje y deslizamiento entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana es el motor principal de sismos recurrentes.

Lo extraordinario, en este caso, no es la existencia del fenómeno —esperable en un límite de placas— sino su tamaño.
El experto, citado por la Agencia de Prensa Alemana y reproducido por DW, subraya que la acumulación de tensiones durante largos periodos en los bordes de placas es la causa típica de estos terremotos. Cuando esa energía se libera, el resultado puede ser un temblor mayor y, a menudo, una secuencia posterior de réplicas.
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¿Fueron uno o dos terremotos? La discusión técnica
Una de las preguntas abiertas tras el episodio es si se trató de un único gran evento o de dos terremotos fuertes en rápida sucesión. En la comunidad científica hay debate, pero el Centro Helmholtz de Potsdam se inclina por la hipótesis de dos temblores separados por unos 30 segundos.
Las mediciones también muestran pequeñas diferencias entre instituciones. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) informó magnitudes de 7,2 y 7,5. El instituto de Potsdam, en cambio, estimó 7,3 y 7,4.

En términos de percepción del riesgo, las variaciones no cambian lo esencial: ambos registros sitúan el episodio en la franja de terremotos capaces de generar daños graves, sobre todo en zonas densamente pobladas y con edificaciones vulnerables.
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Daños esperados: profundidad, construcción y densidad urbana
Dahm anticipa “daños considerables” a partir de las estimaciones iniciales. El pronóstico no se apoya solo en el número de magnitud: también pesa la profundidad del evento, que fue baja, lo que tiende a intensificar la sacudida en superficie.

A ese factor se suman dos variables determinantes en cualquier emergencia sísmica: la calidad de las construcciones y la densidad de población. En otras palabras, el impacto final no lo dicta únicamente la geofísica; lo terminan de definir las condiciones urbanas y estructurales del territorio afectado.
¿Vendrán más temblores? El papel de las réplicas
Tras un terremoto de gran magnitud, lo habitual es que se registren réplicas. “Por lo general hay bastantes”, señaló Dahm. En las primeras ocho horas posteriores a los dos sismos casi simultáneos, mediciones a distancia identificaron al menos una réplica de magnitud 4,6.
Aunque una réplica de ese tamaño suele ser menor en comparación con los eventos principales, puede complicar labores de rescate y elevar el riesgo para estructuras ya dañadas.
Terremotos en perspectiva histórica: 1900, 1967 y el gran antecedente de 1812
El investigador del GFZ sitúa los sismos de 2026 entre los más fuertes en aproximadamente un siglo para esa región. Aun así, recuerda que existen antecedentes iguales o mayores documentados históricamente:
- En 1900 se registró un terremoto cerca de Caracas de magnitud 7,7.
- En 1967 ocurrió otro de magnitud 6,5.
- El más intenso referido en la zona data de 1812, con una magnitud estimada de hasta 8.
La comparación no pretende relativizar el impacto actual, sino ubicarlo en una cronología que muestra que la región ha experimentado, aunque de forma infrecuente, eventos sísmicos de alta energía.
Por qué no hay conexión con Nápoles o California
La coincidencia temporal con terremotos reportados cerca de Nápoles y en California alimentó dudas sobre una posible relación. Dahm descarta esa hipótesis: Italia y la costa oeste de Estados Unidos están demasiado lejos del epicentro venezolano como para que exista un vínculo directo.
El experto enmarca el asunto en una realidad estadística: los terremotos son cotidianos a escala global. Según los datos citados, cada año ocurren alrededor de 13.000 sismos de magnitud 4 a 5 en el mundo.
La simultaneidad, en muchos casos, responde más al volumen de actividad sísmica permanente que a una conexión causal entre eventos distantes.
Fuente: Deutsche Welle (DW), con declaraciones del Centro Helmholtz de Geociencias (GFZ) y referencias al USGS.
