El estudio apunta a que fue una condrita carbonácea de la clase Ornans, que “no se parecen en absoluto a los meteoritos típicos que se encuentran en las colecciones de los museos”, indicó Philippe Claeys, de la Universidad de la Columbia Británica (Canadá) y uno de los firmantes del artículo.
Las condritas carbonáceas representan solo el cinco por ciento de los meteoritos de los que se han obtenido muestras en la Tierra y las de clase Ornans (condritas CO) representan una ínfima fracción de ese grupo.
“El hecho de que les golpeara un proyectil tan raro y lejano realmente pone de relieve lo desafortunados que fueron los dinosaurios”, consideró Claeys en un comunicado de su universidad.
El cuerpo que provocó el impacto tenía entre 10 y 15 kilómetros de diámetro y chocó a una velocidad estimada de 64.000 kilómetros por hora, formando el cráter de Chicxulub en México.
Los investigadores midieron los isótopos de níquel en arcillas marinas recogidas a lo largo de varios años de una fina capa de ese material formada en todo el planeta a raíz del impacto, ya que el meteorito se vaporizó por completo tras choque.
Una condrita CO, que es uno de los materiales más primitivos vírgenes del sistema solar, contiene muchos menos elementos volátiles, como carbono, zinc, agua y, sobre todo, azufre, que otros tipos de meteoritos descubierto hasta ahora en la Tierra.
Aún quedan preguntas sobre los orígenes del meteorito, aunque podría haber llegado de las regiones lejanas y ricas en escombros del sistema solar exterior o la zona exterior del cinturón de asteroides, cerca de Júpiter.
