El hallazgo consolida a las arañas saltarinas como modelos biológicos clave para estudiar y comprender la evolución primaria del descanso en el reino animal.
En su etapa adulta, este arácnido australiano alcanza un tamaño modesto, equivalente aproximadamente al de una moneda de un euro. Pero, pese a su reducido tamaño, estas arañas tienen unas extraordinarias capacidades cognitivas y un sofisticado comportamiento de caza centrado en alimentarse de otras arañas.
Estas habilidades de aprendizaje y resolución de problemas convirtieron a esta especie en un sujeto fascinante para investigar si un organismo con este nivel de procesamiento sensorial requiere de fases complejas de descanso.
Para demostrar rigurosamente que las arañas experimentan un sueño auténtico y no un mero reposo pasivo, los investigadores grabaron la conducta de del sueño de estos arácnidos. Para ello, colocaron a varios ejemplares en pequeños recipientes de plástico y monitorearon su comportamiento varios días y noches.
Las observaciones se llevaron a cabo bajo distintas condiciones de iluminación, incluyendo ciclos de luz u oscuridad constantes, para evaluar la presencia de un ritmo circadiano regulado internamente.
Dado que lo que se sabía del descanso provenía casi exclusivamente de la investigación en vertebrados, este estudio demuestra que los estados similares al sueño REM están más extendidos en el reino animal de lo que se teorizaba, un hallazgo que abre nuevas perspectivas sobre la evolución biológica del sueño y la función primordial de esta actividad orgánica.
Por ello, los autores recomiendan ampliar las investigaciones hacia una mayor diversidad taxonómica y especies con adaptaciones extremas, superando los límites de los organismos modelo tradicionales.
