El colectivo se detuvo en la parada correspondiente para bajar a pasajeros y el joven le pidió al chofer que le abriera la puerta, pero la excusa del tipo fue que no había lugar. Sin embargo, siempre suben pasajeros hasta más no poder y viajamos como sardinas. Pero para una persona en silla de ruedas “no hay lugar”. Necesitamos una sociedad mucho más inclusiva.
Fue el coche Nº 28 de la Línea 15-3.
Paty Villaba Candia
