La impresionante tapada de Orlando Gill ante el gran disparo de Jorge Morel

El portero paraguayo de San Lorenzo de Almagro, Orlando Gill, durante el encuentro frente a Cerro Porteño por la Serie Río de La Plata. (Foto: DaniRodriguezPH)
El portero paraguayo de San Lorenzo de Almagro, Orlando Gill, durante el encuentro frente a Cerro Porteño por la Serie Río de La Plata. (Foto: DaniRodriguezPH)

Cerro Porteño cerró su participación en la Serie Río de la Plata, con un empate sin goles frente a San Lorenzo de Almagro, en lo que representó el examen final para los dirigidos por Jorge Bava antes del estreno en el torneo Apertura. Pese a que el marcador nunca se movió, el trámite en tierras uruguayas estuvo lejos de ser monótono, encontrando su punto álgido en la imponente figura de Orlando Gill, quien se erigió como la figura al evitar lo que era un gol cantado.

La paridad final no fue el reflejo de una falta de ambición por parte de los “Ciclones”, sino más bien el resultado de la resistencia de los guardametas, especialmente del surgido en el “rayadito”. El guardameta del equipo de Boedo, quien había dejado clara su intención de pelear por un lugar en la nómina mundialista, ratificó su gran presente con una exhibición de reflejos y seguridad en cada intervención. Su actuación alcanzó niveles de excelencia en un tramo final del partido en el que terminó siendo decisivo.

El momento cumbre de la tarde ocurrió sobre los 72 minutos, tras una elaborada secuencia de pases que representó la mejor faceta colectiva del conjunto paraguayo. La jugada se clarificó cuando Juan Manuel Iturbe, rodeado y sin ángulo para el disparo, detectó la llegada del mediocampista Jorge Morel. El “Prócer” cedió el balón hacia la medialuna del área, donde el volante formado en Guaraní conectó un derechazo colocado, con la cara interior del pie, que parecía sentenciar la historia.

Justo cuando el esférico buscaba el ángulo superior derecho, surgió la figura monumental de Orlando Gill. Con una gran estirada, el portero voló para desviar el balón a mano cambiada, ejecutando una intervención de altísima dificultad técnica. Aquella magistral intervención no solo privó a Morel lo que hubiera sido un golazo, sino que dejó a toda la delegación cerrista con el grito de victoria contenido, transformándose en la postal definitiva del encuentro.

Amparado por su imponente estatura, el arquero oriundo de la “ciudad universitaria” dominó su área con gran solvencia. Su influencia fue mucho más allá de lo estético; fue un golpe estratégico que enfrió el mejor momento futbolístico de Cerro Porteño en el partido. Gracias a esa tremenda intervención, el equipo de Bava no pudo capitalizar su dominio territorial de ese lapso del partido y debió conformarse con una igualdad que su rival le arrebató desde los guantes de su figura.

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El portero paraguayo se retiró del campo como una de las grandes figuras de la jornada, consolidado junto a Alexis Martín Arias como los responsables directo de que el último ensayo de pretemporada con el marcador en blanco. Para Cerro Porteño, el balance de la gira uruguaya arroja sensaciones positivas en cuanto al juego y solidez grupal, aunque el duelo ante San Lorenzo dejó un mensaje claro: la necesidad de afinar la puntería para que el volumen de juego se traduzca en acciones capitalizadas.