Bortoleto afronta su segunda temporada con Audi, mientras Rafael Câmara, de 21 años, debuta en la Fórmula 1 este fin de semana, después de que Haas apartara a Esteban Ocon durante el GP de México.
Pinho, un aficionado de 45 años, lleva siguiendo la Fórmula 1 desde que tenía seis o siete, cuando las carreras de los domingos por la mañana formaban parte de la rutina de muchas familias brasileñas.
Su escudería de corazón es Ferrari, pero en este Gran Premio de São Paulo, el vigésimo de la temporada, tiene una prioridad: apoyar a los pilotos de su país.
“Después de la muerte de Ayrton Senna vivimos una especie de duelo con la F1”, declaró a EFE este aficionado, que vio en los diez años posteriores un notable retroceso del seguimiento de la competición en Brasil.
Después de Senna, los brasileños no han vuelto a tener un campeón, aunque sí han podido animar en Interlagos a pilotos como Rubens Barrichello o Felipe Massa.
También a Felipe Nasr, quien tuvo un breve paso por la categoría en 2015 y 2016, última ocasión en la que hubo dos pilotos brasileños en la parrilla de Interlagos.
Otra aficionada, Mariana, de 41 años, celebró la presencia de dos brasileños en la parrilla y confía en que contribuya a acercar de nuevo la F1 al público del país.
“Es muy bonito el momento que estamos viviendo ahora”, afirmó.
Mariana acudió a Interlagos acompañada de sus dos hijos, de cinco y seis años, que ya viven la F1 con pasión, aunque ataviados con cascos para protegerse del ruido.
La afición se transmite también a las nuevas generaciones y permite descubrir el entusiasmo con el que los pequeños disfrutan de cerca de un espectáculo que hasta ahora conocían a través de la televisión.
La pasión se mide también en los miles kilómetros recorridos. Martín, argentino de 54 años, viajó hasta São Paulo junto a un grupo de 19 amigos unidos por un mismo propósito: animar a Franco Colapinto.
“Primero o último, no importa. El apoyo es incondicional, somos muy pasionales”, resumió Martín, que reconoce que el viaje no es barato, pero considera que vivir de cerca la máxima categoría del automovilismo es una experiencia “inigualable”.
Algunos aficionados desembolsaron más de 2.500 dólares para vivir el GP, aunque hay historias en las que el dinero quedó en un segundo plano.
Es el caso de Roberto del Barrio, argentino de 77 años, que viajó por primera vez al circuito después de que su hijo le regalara la experiencia.
“Es un sueño hecho realidad”, reconoció Roberto, que sigue la Fórmula 1 desde los tiempos de Juan Manuel Fangio y que este fin de semana cambió los recuerdos de la televisión por la emoción de ver en directo a Colapinto.
Entre los niños que descubrieron la Fórmula 1, los brasileños que volvieron a encontrar motivos para ilusionarse y los argentinos que cruzaron la frontera para alentar a Colapinto, Interlagos reunió distintas formas de vivir una misma pasión.
Los motores volvieron a rugir en Brasil y todas esas historias encontraron su punto de encuentro sobre el asfalto del mítico circuito de São Paulo.
