Un milagro aéreo: el día que Tacuary rozó la tragedia en el aeropuerto Silvio Pettirossi

El 25 de octubre de 2008 perdura en el recuerdo del plantel, cuerpo técnico y dirigentes de Tacuary. La comitiva regresaba de Ciudad del Este después de perder contra el 3 de Febrero y, al aterrizar en Luque, el avión sufrió una rotura del tren delantero y terminó en los matorrales. “Milagro es porque estoy para contar”, expresa un integrante de aquella delegación a ABC. Entrá y conoce la historia.

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Día normal, como describe uno de los protagonistas mientras recuerda la historia en ABC. Era el 25 de octubre de 2008, Tacuary había caído 3-2 contra el 3 de Febrero por la jornada catorce del torneo Clausura. La delegación, una vez culminado el partido, regresó a la capital. Después de treinta a cuarenta y cinco minutos de viaje, el avión comenzaba el descenso en el aeropuerto internacional Silvio Pettirossi de Luque. El tren de aterrizaje tocó tierra y ¡se rompió! El piloto perdió el control de la aeronave, que terminó entre los matorrales. No hubo fallecidos, tampoco heridos. Fue un milagro.

“Fue un día normal como cualquiera. Siempre Tacuary acostumbraba viajar en avión, era el medio que más utilizaba el presidente Francisco Ocampo. Era TAM, el transporte aéreo militar, que tenía lugar para 26 pasajeros. Como llegábamos rápido a Ciudad del Este y Pedro Juan Caballero, utilizábamos mucho ese medio de transporte para ir, llegar, jugar y volver a la concentración”, cuenta Juan González desde su hogar en Villa Hayes. En aquel entonces, el preparador físico era ayudante técnico de Óscar Paulín, quien dirigía al conjunto de Barrio Jara.

“Los jugadores siempre estaban eufóricos cuando subíamos o bajábamos y comenzaban a aplaudir. Ese día, todos estábamos rezando. Los que más se van a acordar son Jorge Ortega y Carlos Servín, que estaban detrás mío. Son los que más sintieron el impacto porque eran chicos que recién iniciaban. Al aterrizar, uno de los rulemanes reventó (fue una perilla del amortiguador de la rueda delantera) del tren de aterrizaje, y fuimos hacia la barranca, donde quedamos por fortuna. No pasó a mayores, pero fue un susto que nadie se va a olvidar”, agrega González, quien actualmente trabaja en Benjamín Aceval de Villa Hayes, el rival de Cerro Porteño en la Copa Paraguay 2020.

El avión que trasladaba a Tacuary terminó entre los matorrales del aeropuerto después del accidente.

Mientras cumple la cuarentena en compañía de su familia y controla el entrenamiento de los jugadores por redes sociales, Juan continúa recordando sobre el accidente. “Nadie esperaba eso. No duró ni un minuto, pero parecía eterno como si todo se terminaba. En ese momento uno solo piensa en la familia. Nos atajabamos por la silla y el piloto hablaba y nos decía que no nos movamos. Todos teniamos cinturón de seguridad”, añade. Días previos al percance, la zona de Luque, donde se ubica el aeropuerto, vivió una tragedia luego de la caída de la avioneta-ambulancia de Asismed, que dejó cinco muertos.

Lo que pudo ser un desastre y se convirtió en una milagro, instaló el temor en los jugadores de Tacuary, que solicitaron, a través de Juan González, no viajar más en avión. El pedido llegó al , entonces presidente del club, Francisco Ocampo, quien recibió la noticia con risas. “El presidente estaba en Europa, volvió y comenzó a reírse de nosotros. Claro, el tenía más vuelos que nosotros. Quince días después teníamos que viajar a Pedro Juan y jugar contra el 2 de Mayo. Entonces los jugadores me decían que le diga al presidente que no nos vayamos más al avión y que vamos a irnos en colectivo no más sin importar que lleguemos en tres o cuatro días”, expresa González.

El avión que trasladaba a Tacuary terminó entre los matorrales del aeropuerto después del accidente.

A pesar del incidente y el terror de los futbolistas que estuvieron en el avión aquella noche, Ocampo se negó a cambiar de medio de transporte y motivó al plantel con un gesto: entrego un viático económico a cada futbolista. En la semana del viaje a Pedro Juan no contó (Francisco Ocampo) nada y los jugadores ya iban a manifestarse para no ir en avión porque no querían saber nada. Francisco no decía nada hasta que dijo que íbamos a irnos otra vez en avión, pero que iba a darle unos viáticos a los jugadores para motivarles y nos fuimos otra vez en avión”, revela a ABC.

Juan Ángel González cuenta un hecho que también ocurrió durante el accidente. Daniel Ferreira, el exgerente deportivo de Sportivo Luqueño, formaba parte de aquel equipo. Cuando se produce el impacto, el entonces delantero quiso saltar del avión. “Él se quería tirar antes porque habitualmente el avión TAM cuando aterrizaba ya abría la compuerta de atrás donde están los equipajes. Ahí había una red protectora y él se quería tirar y cuando aterrizamos y pasó todo, pateó la puerta para abrir como sea y ahí los muchachos le atajaron”, señala entre risas.

El avión que trasladaba a Tacuary terminó entre los matorrales del aeropuerto después del accidente.

Por último, González asegura que lo ocurrido aquella noche en la pista de la terminal aérea fue un milagro. “Milagro es porque estoy para contar”, finaliza. La costumbre de volar volvió y el miedo desapareció, pero el recuerdo del 25 de octubre de 2008 permanecerá siempre.

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