“Cuando me dijeron de la oferta de República Dominicana lo primero que pregunté fue si ahí había fútbol”

El Caribe es una región que maravilla y atrae al resto del mundo con sus playas, su cultura y su música. Para muchos es el edén del descanso, del relax, de unas vacaciones únicas, pero para unos pocos el destino paradisiaco tiene otros propósitos: el fútbol. Y en ese reducido grupo está Felipe Núñez, un paraguayo de 27 años que tomó una decisión peculiar: viajar a República Dominicana para volver a jugar en la primera división.

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Ya son once meses. Felipe Núñez está adaptado y no tiene intenciones de abandonar la isla. Es más, en el posible retorno después de las fiestas de fin de año, su pequeño bebé Santino y su pareja Victoria Álvarez deben subir al avión. Es la condición para continuar en el humilde Atlántico FC, que propuso al zaguero renovar por otra temporada. “Creo que soy el tercer paraguayo que está acá”, comenta el defensor a ABC mientras cuenta los días para volver a Asunción y reencontrarse con la familia. El equipo, apodado “La Máquina Azul”, fue eliminado el sábado anterior en los cuartos de final de la Liga Mayor. “Jugué los siete partidos”, agrega orgulloso después de cumplir la segunda experiencia fuera de Paraguay.

Oriundo de Mariano Roque Alonso y de una carrera que comenzó en las inferiores de Libertad, donde debutó en 2013 de la mano de Rubén Israel, y el paso por clubes de la División Intermedia y de la segunda de Ecuador, Núñez revela entre risas lo que expresó cuando recibió la oferta desde el país caribeño. “Cuándo me dicen que hay un interés de República Dominicana quería saber si era cierto porque no sabía que acá había fútbol (…) Me comuniqué con el técnico del club, hablé con él. Todo fue rápido. Viaje dos o tres días después. El club vio los pasajes, me mandaron el ticket de la reserva y volé. Fui con un paraguayo más, con Hernán Espínola, pero él volvió porque no arregló económicamente”, agrega el exGeneral Caballero de Zeballos Cué.

“Comencé a buscar cosas, a ver la historia del club. La liga tiene cinco años de ser profesional. Con todo eso, vi que estaba el paraguayo José Fleitas, quien fue campeón en 2017 con Miguel Ángel Zazhú como técnico. Comienzo a hablar con mi pareja y con mi padre. Yo tenía una criatura y debía ver qué pasaba. Me dan el apoyo y yo tomo la decisión de venir”, prosigue desde Puerto Plata, la tercera ciudad más poblada de República Dominicana. Diseñada por los hermanos Cristóbal y Bartolomé Colón en 1496 y fundada por el Fray Nicolás de Ovando, la localidad de unos 323.526 habitantes está ubicada en la costa del océano Atlántico y tiene como mayor atracción las hermosas playas. “Estamos a cuatro horas de la capital y a siete de Punta Cana”, añade Felipe.

Núñez aterrizó el 24 de enero después de un largo viaje. Por la tarde, aguardaba el primer entrenamiento, quizás liviano, según pensaba el futbolista luego de pasar casi un día entre aviones. “Yo llegué a la seis de la mañana, duermo hasta la una de la tarde porque a las tres teníamos un entrenamiento. Me despierto, agarro mis cosas y era día de amistoso, yo no sabía. De un vuelo de veinticuatro horas al amistoso, directo a la cancha a meterle fútbol”, menciona aún sorprendido por aquel episodio. “Dije que iba a ser fácil, pero me encontré con una liga muy competitiva. Encontré a un excompañero de Gustavo Morínigo y Darío Caballero. Son rápidos y lo físico es fundamental porque corren como locos”, describe.

A pesar de resaltar el aspecto físico del fútbol caribeño, Núñez reveló las particularidades que generaron su mayor asombro y que hasta lo motivaron a cargar las maletas y regresar como sea: “El técnico era venezolano (Miguel Acosta). Me dijo que debía adaptarme porque había cosas distintas. Uno como profesional imagina que tendrá todas las comodidades al ir a un equipo de primera, pero acá, siendo sincero, no tenemos cancha para jugar de local, no tenemos vestuario y entrenábamos en una cancha de beisbol. A los tres días quería agarrar mis cosas e irme. Era una locura, pero me adapté”. “Donde jugamos de local es césped sintético. Los otros estadios con buenos, tienen buen gramado”, admite.

Pero la travesía de conocer una tradición completamente nueva, tuvo un largo período de tristeza, impotencia, añoranza y desesperación: la pandemia del coronavirus modificó todos los planes del guaraní, como del resto del planeta. “A dos días de comenzar el campeonato se suspende todo por el tema de la pandemia. La pase mal, tengo un hijo. El club me daba comida y techo, pero durante la pandemia no llegué a cobrar el sueldo. No tenía como mandarle a mi hijo y eso me desesperaba. Buscaba la forma, mi papá me ayudó, mi pareja ponía de su parte y también me ayudaba. El presidente me daba tres mil pesos, que son trecientos mil guaraníes. Y eso me daba una vez y después volvía a darme dos o tres meses después”, recuerda.

“Acá el sueldo mínimo es doscientos dólares. Se puede vivir tranquilamente. La comida es muy barata. Con seiscientos o setecientos mil guaraníes ya vivís un mes sin problemas. No te falta comida, tenés todas tus cosas personales”, manifiesta Núñez, quien ganaba US$ 1.200 de sueldo antes de que la crisis económica obligara a una reducción de US$ 500 mensuales. Además del salario, el central explica que la institución también brindaba un viático de US$ 200 exclusivamente para la comida. “Acá la vida es perfecta. La gente te trata como uno más. La gente te ofrece comida, te trata muy bien. Son amables”, describe el exTacuary, que también agradeció a su padre y a su pareja por la asistencia permanente a su hijo de un año y seis meses.

Núñez no solo está lejos de los seres queridos sino que también de algunas costumbre nuestras. Por ejemplo, un asado es casi imposible. “Conocí varios bares que servían mariscos, animales de mar, pero yo con eso no iba. Yo comía pollo y arroz hasta cansarme. Acá comen todo tipo de comida con arroz. Si no pones al dominicano un plato de arroz en la comida, no come. Acá la carne para el asado es diferente. No hay carne de vaca es complicado conseguir. Acá comen cerdo o pollo”, sigue. Además, comenta una situación que habitualmente pasa a causa del tereré: “Cuando me venían tomar el tereré decían que la yerba era marihuana, pero cuando tomaba, pedían que les invite”.

Felipe Núñez, quien vuela a Asunción el 4 de diciembre, reconoce que el fútbol (la liga profesional tiene cinco años de vida) no es el deporte más popular en Dominicana y puntualiza que ni siquiera es el segundo dentro del podio. “Primero está el béisbol; segundo, el básquetbol y tercero, el fútbol. No pude ir aún a un partido de béisbol porque comenzó el domingo, pero si iré a ver. No entiendo nada, pero iré. El béisbol tiene más gente que el fútbol. Nosotros en Paraguay pensamos que si tenemos un hijo varón, será futbolista. Acá no, dicen que serán beisbolistas. Serán ‘peloteros’, llaman peloteros a los beisbolistas”, expresa.

Por último, describe a la ciudad en la que vive y puntualiza el calor de la gente, que no diferencia los días para “rumbear”. “Es un lugar turístico, lleno de playas. Vivo a media cuadra de la playa. Al comienzo me daba curiosidad estar en la isla y estar acá era una locura. Querer descansar acá es imposible porque viven las veinticuatro horas tomando y escuchando música. A la gente no le importa el bar o la discoteca, va a la calle, toma, con el auto y con música. Acá no puede faltar el reggaetón, la bachata y el dembow. Para rumbear, ellos te invitan. Trabajan lunes e igual salen, toman, amanecen y van tranquilamente al día siguiente a trabajar”, culmina.

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